18 de Febrero de 2014 y aunque podríamos usar otro calendario, vamos y nos ceñimos al Gregoriano y solo por eso es 18 de Febrero de 2014.
Con el amigo Joan-Carles Mèlich y con el amigo Juanjo Pardo intentamos hablar de cultura haciendo (es inevitable) cultura.
Del "niño, no te toques la pilila comiendo" a Wagner, de su esperanza y su tragedia, de su capacidad de diseñar y
dirigir, de los pedantes, de su capital y sus usos, del canon, de su
función última de creación, comprensión y gestión de lo humano y hasta
del bicho de Gregorio.
Y, lo sabéis, el tren de los 19 minutos que pita, como una urraca, desde que centras el punto.
Bitácora, notas, poluciones, rastros y errores de Jorge de los Santos
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miércoles, 9 de julio de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
En plató: La locura
21 de Enero de 2014 y aunque hace frío fuera, más frío hace dentro y dentro existe, amigo, el frío.
Con José María Álvarez, con Joseba Achotegui hemos abordado ese estado dramático de extraordinaria hipersensibilización (pica la sábana y se confunde el ruido de la mosca con el trueno) en el que todo deviene significado (y no objeto o pariente) pues hay que crear (con mayúsculas y poco pulso) la realidad y el individuo conformante de y en ella.
Hoy, en esta esquina, hemos intentado mirar la locura.
Va por ti, hoy que no estás y que por fin vas a dejar que el mundo siga siendo cosa de niños, Leopoldo.
Con José María Álvarez, con Joseba Achotegui hemos abordado ese estado dramático de extraordinaria hipersensibilización (pica la sábana y se confunde el ruido de la mosca con el trueno) en el que todo deviene significado (y no objeto o pariente) pues hay que crear (con mayúsculas y poco pulso) la realidad y el individuo conformante de y en ella.
Hoy, en esta esquina, hemos intentado mirar la locura.
Va por ti, hoy que no estás y que por fin vas a dejar que el mundo siga siendo cosa de niños, Leopoldo.
Para Todos La 2 - Debate - ¿Genio o loco?
lunes, 20 de enero de 2014
En plató: la mediocridad
13 de Noviembre de 2013, en "Para todos la 2", visto de grana y oro y acompaño a Óscar Barroso que tiene a bien bajar la silla para ponerse a mi altura (lo de hacerle una lobotomía, cosa que le propuse, le pareció un tanto excesivo)
Habíamos invitado a un mediocre pero estaba ocupado...en tareas de gobierno, creo, aunque bien pudiera ser que no asistiera por no molestarse.
Abordamos esa caracterización colectiva que nunca caracteriza al sujeto enunciativo; la mediocridad.
¿Quién dijo miedocridad?
Habíamos invitado a un mediocre pero estaba ocupado...en tareas de gobierno, creo, aunque bien pudiera ser que no asistiera por no molestarse.
Abordamos esa caracterización colectiva que nunca caracteriza al sujeto enunciativo; la mediocridad.
¿Quién dijo miedocridad?
domingo, 29 de abril de 2012
En plató: La metafísica
27 de Abril de 2012 y sin que tú lo sepas, sólo va a salir
el término “trascendente” en un chiste, y antes, aunque no lo creas, Rocinante,
hemos comido y porque a mí la pelvis me la partió, de un rebote, Isleño, que si
no, también, antes, habría arreglado lo de la trascendencia del sexo a
empujones, como los niños malos que creen que la metafísica es sólo cosa de
niños buenos.
21 grados en plató. El punto frente a la silla, Juanjo Pardo
a mi izquierda mientras que está (misterios de la geometría) a la derecha de
Ángel Gabilondo (que manifiesta, serio, que a él lo del maquillaje le recuerda
la mortaja, y hace, después, de los rapsodas huecos, polvo de tiza)
Las 12h35 (ya está la Virgen anunciada) y una voz (¿el arcángel San
Gabriel?) pregunta; ¿Qué es la metafísica?
Y yo que en bambalinas, tras el corte de cámara, tras el decoro, pienso que mientras la religión es la verdad, “Jesús es la respuesta” (para que los penitentes olviden, vive Dios, la pregunta), la metafísica es el cuestionamiento de la verdad. Y que le dio de mamar, a la metafísica, la escritura, acto espejeado de la lectura, precisamente porque con la proliferación de fijaciones en la escritura del mito, la verdad, queda en entredicho (esto no lo acaban de entender los que achacan a la Iglesia su obstinación por no dar versiones, su estatismo y la inmovilidad, olvidando que en cuanto su verdad se cuestione no habrá verdad sino discusión sobre la verdad…¿Ahora la verdad contempla los condones?) Mientras el mito se habla y se repite no se confronta, mientras el mito queda escrito por el mitógrafo, surge en la verdad la diferencia (se interpreta y se cuestiona) La escritura es el dominio de la versión. Y el vaso que cae y estalla y que hay que restablecer las correspondencias antiguas del ser (que debe ser uno pues si fueran dos uno de ellos sería distinto y el no ser no puede ser el ser) y que nos preguntamos, escritura y razón por medio, “¿Ha caído el vaso?”, “¿Lo hemos tirado?”, “¿Hubo alguna vez un vaso”?, y que no tenemos más cola para recoser el vaso que la dialéctica, el “dia logos” (el “a través de la razón”)
Y que entiendo, mientras nos estrechamos las manos, por qué
Ángel, tan metafísico, tan cordial, tan mundano, tan ángel y tan humano,
recomienda la lectura (el diálogo entre dos amigos) en este tiempo en el que no
queremos pisar cristales, ni saber quién es el yo que lo pisa, tiempos de
respuestas sin preguntas, de píldoras sin diálogos y de tetas retocadas sin un alma
que echarse debajo.
domingo, 26 de junio de 2011
En plató: "La política"
20 de Octubre de 2010, sentado en una silla y en compañía de Ferran Sáez y Antoni Gutiérrez Rubi. "Para todos la2" aunque centrados. TVE2
A la política le pasa eso; debe ser apolínea, ordenada, racional, sensata (eso es lo que le exigimos, que nos muestre la ficción de que las cosas son consecuentes, que las causas generan unos efectos, que las justificaciones son justas...) y es todo lo contrario; mentira, desorden, asimetría, irracionalidad... (y real como la realidad misma...) Un día yo escribí una novela, y le pasó igual; no era apolinea, lo cual, además de estúpido es imperdonable. Naturalmente nadie la publicó, gracias por vuestra lección.
Se contaba de un marido que al volver pronto del trabajo encontró a su mujer cohabitando carnalmente con otro. En un ataque de furor coje una escopeta de cañones recortados y "pum" "pum", le pega dos tiros al amante de su mujer. Ésta, ligeramente sorprndida le reprocha: "Manolo, hijo, ¡cómo te has puesto!...pues una cosa te voy a decir; como te tomes las cosas así te vas a quedar sin amigos en dos días".
Ese discurso es la política (una instrucción razonable para preservar el colectivo) y la mujer es un político (pues problematiza y promete)
Ese discurso es la política (una instrucción razonable para preservar el colectivo) y la mujer es un político (pues problematiza y promete)
Hay dos conceptos centrales que definen al político (al que, en buena o mala etimología, no es un "idiota"):
1. Problematizar: Determinar que una circunstancia social deviene “problemática” y por tanto “debe” ser sometida al orden político (desde traficar con esclavos a encender un cigarrillo)
2. Prometer: Concepto central en la política. El político es esencialmente un hombre que promete. RAE: Expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo.
La desafección (¿por qué no les damos crédito a los políticos?, pese a que cada vez nos interese más la política)
1. Dependencia corporaciones:
No son ya , criaturitas, “guionistas de la realidad” sino, en todo caso, los “ficcionadores de la realidad”, lo que la justifican y la preservan. Servidores de las corporaciones (estas sí guionizan) y gerentes y administradores subcontrados de sus intereses.
2. Prioridad partido sobre ideología, la libertad individual y el juicio crítico
Su elemento de protección, tras las corporaciones, es el partido. Éste es su sustento y su justificcación conceptual ("yo soy político, pues milito en tal partido") Sin el partido, como el sacerdote sin su iglesia, el político no existe.
3. Ensimismamiento:
El político define la política. Esa es cada vez más su función, responde exclusivamente a la pregunta ¿Qué es la política? (no qué es lo razonable, lo más sensato, lo más conveniente…si no lo más político)
En la serie de humor inglesa "Yes minister", el secretario, verdadero hombre de estado, interpela una propuesta del ministro: "Señor, no estamos aquí para resolver cosas, sino para hacer política"
La profesionalización del político se inicia en el siglo V a. C. (antes del café) con el invento del pretendiente.
La política deja de ser determinada por cuestiones divinas o de linaje y establece tres conceptos claves: Isonomia (igualdad de derecho) isegoría (igualdad de palabra) y parrhesia (hablar con franqueza), conceptos en lo que todos los ciudadanos se pueden sentir representados y autoproclamados pretendientes a ser políticos.Desde entonces se establece la necesidad de eliminar o filtrar al aspirante, creando un gremio, un club social, que acepta o deniega el acceso a los solicitantes.
Se contaba de un político en campaña, que en pleno éxtasis de inflamación retórica apuntilló lo siguiente: "El liberalismo es la explotación del hombre por el hombre y el socialismo es justo al revés"
¿Sentido común? Ad infinitum (aunque eso sí, poco apolineo)
viernes, 13 de mayo de 2011
En plató: "La guerra"
13 de los corrientes de Octubre de 2010
Con Ángela Rodicio y José María Mendiluce en "Para todos la2" de, y no podía ser de otra manera, TVE2
"Una mierda", dice la buena de Ángela con su vocecita de vicetiple, "Ambrosio, ¿Ha dicho mierda esta señorita en la tele?", "Una gran mierda", reafirma ella y su voz entonada y sus ojos entornados y su voluntad enconada y el casco (de los azules) que le viene grande y el micrófono (de los de espuma) que le queda pequeño.
Y a mí, que como decía Woody Allen, en el ejército me declararon inutilísimo... tanto que en caso de guerra yo sólo serviría de rehén, que se me ocurre proponer que ni a eso llega, que ni mierda, pues mierda ya es darle palabra, calificación y entendimiento a lo que no lo tiene. Demasiado apolineo lo de "mierda" para algo como la guerra que sólo gesticula con los eructos de Dioniso. La guerra no es una mierda porque mierda es una palabra.
Los sajones, dados ellos, como nosotros, a la guerra, utilizan para nombrarla la onomatopeya del alarido; "war", el ¡huaaaa!!!, con el que hacían temblar a las legiones romanas.
La guerra es irrelatable, racionalmente absurda y tan esquiva a la narración como un orgasmo, por eso la épica es ejercicio de la postguerra; "la postguerra es el momento de enterrar a los muertos y encontrar las palabras", dijo. Nunca hay épica en la guerra, "¿pero es posible Ambrosio, que se diga mierda en la tele?", pues el bárbaro no sabe escribir. Pero, seguimos con el oximorón; barbarie, sí, pero civilizada. Maquiavelo nos dice que no puede existir la "polis" sin el "polemós". Fundar es destruir y la política (de "polis") es la organización civilizada de esa destrucción (de "polemós")
La palabra, los locos que nos convencen de la necesidad del grito siempre empiezan usando palabras (siendo razonables), los locos que justifican en la preguerra la posterior ausencia de palabra, siempre empiezan clamando a la razón.
El fuego, para Heráclito el oscuro,"...y a la hora de comer, Ambrosio" , es aquello que obtiene su identidad de las identidades que destruye. El fuego es para el de Efeso la metafora de la confrontación de donde todo emana, el Taijitu, donde el ying y el yang rinden sus cuentas, el estado que permite que las cosas devengan; sin confrontación de opuestos, se liquida el devenir (véase la teoría hegeliana del "fin de la historia") Por eso, Heráclito dice: "la guerra es padre y rey de todo" y por eso la tenemos por inevitable, por efecto de esa "voluntad de poder" nitzscheana en la que la vida (y en ella el humano) además de conservar, quiere la perpetuación expansiva, incrementar, conquistar, someter...y nosotros la tenemos por inevitable. Lo hemos visto, todo nuestro progreso tecnológico, científico y social, desde la ONU a una radiografía, pasando por los aviones a reacción, han derivado de dos guerras mundiales (¿qué seriamos ahora sin ellas?), por querer el progreso, la tenemos por inevitable.
Pero el ying y el yang no se contraponen, se suceden, no luchan, se dejan paso, por eso la conclusión del más hermoso tratado sobre la guerra que se ha escrito, el de Sung Tsu, es que la victoria en la guerra consiste en evitar la guerra (así está destinado a los de la estirpe de los sensatos) y por eso las semillas ("voluntad de poder de la vida") no se comen entre ellas, sólo vuelan y vuelan y vuelan y se dejan comer, para que la mierda (esta sí de veras) fecunde, con ellas la tierra. ¿Y el progreso? Triste destino el de estos que viven sometidos a aquellos que prometen evitar el mal que causan. "No sé donde vamos a ir a parar... Ambrosio", yo tampoco, señora (... ¿a la mierda, quizá?)
Con Ángela Rodicio y José María Mendiluce en "Para todos la2" de, y no podía ser de otra manera, TVE2
"Una mierda", dice la buena de Ángela con su vocecita de vicetiple, "Ambrosio, ¿Ha dicho mierda esta señorita en la tele?", "Una gran mierda", reafirma ella y su voz entonada y sus ojos entornados y su voluntad enconada y el casco (de los azules) que le viene grande y el micrófono (de los de espuma) que le queda pequeño.
Y a mí, que como decía Woody Allen, en el ejército me declararon inutilísimo... tanto que en caso de guerra yo sólo serviría de rehén, que se me ocurre proponer que ni a eso llega, que ni mierda, pues mierda ya es darle palabra, calificación y entendimiento a lo que no lo tiene. Demasiado apolineo lo de "mierda" para algo como la guerra que sólo gesticula con los eructos de Dioniso. La guerra no es una mierda porque mierda es una palabra.
Los sajones, dados ellos, como nosotros, a la guerra, utilizan para nombrarla la onomatopeya del alarido; "war", el ¡huaaaa!!!, con el que hacían temblar a las legiones romanas.
Es la guerra, como decían los griegos de los que además de venir lejos no sabían hablar, un "bar bar", una barbarie. Pero una barbarie que, para cometerse, requiere de algo tan humano como la civilización . Y por ser una barbarie civilizada nos la hemos tomado por inevitable.
La guerra es irrelatable, racionalmente absurda y tan esquiva a la narración como un orgasmo, por eso la épica es ejercicio de la postguerra; "la postguerra es el momento de enterrar a los muertos y encontrar las palabras", dijo. Nunca hay épica en la guerra, "¿pero es posible Ambrosio, que se diga mierda en la tele?", pues el bárbaro no sabe escribir. Pero, seguimos con el oximorón; barbarie, sí, pero civilizada. Maquiavelo nos dice que no puede existir la "polis" sin el "polemós". Fundar es destruir y la política (de "polis") es la organización civilizada de esa destrucción (de "polemós")La palabra, los locos que nos convencen de la necesidad del grito siempre empiezan usando palabras (siendo razonables), los locos que justifican en la preguerra la posterior ausencia de palabra, siempre empiezan clamando a la razón.
El fuego, para Heráclito el oscuro,"...y a la hora de comer, Ambrosio" , es aquello que obtiene su identidad de las identidades que destruye. El fuego es para el de Efeso la metafora de la confrontación de donde todo emana, el Taijitu, donde el ying y el yang rinden sus cuentas, el estado que permite que las cosas devengan; sin confrontación de opuestos, se liquida el devenir (véase la teoría hegeliana del "fin de la historia") Por eso, Heráclito dice: "la guerra es padre y rey de todo" y por eso la tenemos por inevitable, por efecto de esa "voluntad de poder" nitzscheana en la que la vida (y en ella el humano) además de conservar, quiere la perpetuación expansiva, incrementar, conquistar, someter...y nosotros la tenemos por inevitable. Lo hemos visto, todo nuestro progreso tecnológico, científico y social, desde la ONU a una radiografía, pasando por los aviones a reacción, han derivado de dos guerras mundiales (¿qué seriamos ahora sin ellas?), por querer el progreso, la tenemos por inevitable.
Pero el ying y el yang no se contraponen, se suceden, no luchan, se dejan paso, por eso la conclusión del más hermoso tratado sobre la guerra que se ha escrito, el de Sung Tsu, es que la victoria en la guerra consiste en evitar la guerra (así está destinado a los de la estirpe de los sensatos) y por eso las semillas ("voluntad de poder de la vida") no se comen entre ellas, sólo vuelan y vuelan y vuelan y se dejan comer, para que la mierda (esta sí de veras) fecunde, con ellas la tierra. ¿Y el progreso? Triste destino el de estos que viven sometidos a aquellos que prometen evitar el mal que causan. "No sé donde vamos a ir a parar... Ambrosio", yo tampoco, señora (... ¿a la mierda, quizá?)
viernes, 21 de enero de 2011
En plató: el arte contemporáneo
14 del cuatro del 2010. "Para todos la2" convoca una mesa para analizar la condición del arte contemporáneo. Coincido con Arnau Puig, maestro, sabio y Arnau Puig, y con Rafael Tous, esteta del conceptual, coleccionista.
"Federico", le dijo girando el cuello frente a la obra de un moderno, "¿tú sabes que carajo es esto?"
Federico observó el cuadro, mantuvo un momento el silencio y le respondió: "Abanicos de colores parecen sus patas"
Eso fue lo que sucedió.
AQUÍ PUEDE VERSE LA PRIMERA PARTE
Y AQUÍ LA SEGUNDA
Y NO HAY DOS SIN TRES
Qué bonitos estamos así los tres, parecemos cuadros en la pinacoteca del lubre.
"Federico", le dijo girando el cuello frente a la obra de un moderno, "¿tú sabes que carajo es esto?"
Federico observó el cuadro, mantuvo un momento el silencio y le respondió: "Abanicos de colores parecen sus patas"
Eso fue lo que sucedió.
AQUÍ PUEDE VERSE LA PRIMERA PARTE
Y AQUÍ LA SEGUNDA
Y NO HAY DOS SIN TRES
Qué bonitos estamos así los tres, parecemos cuadros en la pinacoteca del lubre.
martes, 21 de diciembre de 2010
En plató: el miedo
Saludo a Begoña Román, a Ander Mirambell y a Anna Corbella y nos disponemos a hablar del miedo.
En "Para todos la2", el 7 de Abril de 2010.
El miedo es un juicio. Un juicio que genera una lógica de la interpretación: la lógica de lo peor. Desde el miedo todo se interpretará como el relato que antecede a la catástrofe. Para el miedoso (un enjuiciador obstinado en la fábula de la lechera) cada acontecimiento es una secuencia que tendrá como moraleja la fractura del cántaro.
El miedoso no entiende de música, sólo de ruido. "Todo es ruido para quien tiene miedo", nos sopla Sófocles.
El miedo saca al animalito que llevamos dentro (en forma de hipófisis) y, como al resto de las ardillas que tienen el cortex bloqueado, provoca en nosotros tres únicos tipos de conducta; huida, escondite o agresividad. El racista tiene miedo, el fanático tiene miedo y el violento tiene miedo. Que nadie lo dude. Sin miedo vivimos en paz.
Sí, se me dirá, pero también es muy útil para librarnos de un peligro. Cierto, pero desde que dejamos la jungla, los peligros reales son escasos y en cualquier caso mínimos proporcionalmente a la cantidad de miedos que sentimos. Entonces, ¿qué genera en nosotros miedo?
1. Los mencionados acontecimientos reales: Estamos en una travesía, cae un rayo y nos parte el mástil.
2. El juicio sobre un acontecimiento real: Estamos en una travesia y se declara una tormenta. Esto, que sólo es un acontecimiento, provoca en nosotros un juicio: "El rayo va a caerme encima y partirá el mástil"
3. El juicio sobre un acontecimiento predictivo: No hay acontecimiento (ni nave, ni tormenta) simplemente la opción de embarcar. Tememos que si embarcamos se declara una tormenta y un rayo acabe partiéndonos el mástil.
De esas tres circunstancias, la segunda y la tercera conforman la inmensa mayoría de nuestros miedos. Y en esas circunstancias, el miedo nos hace dóciles e inmóviles. Proust lo explicaba bien: "el problema no es pensar que Albertina me ha dejado, es que me ha dejado". ¿Cuantas veces hemos sentido miedo todos nosostros de que Albertina nos deje antes de que nos deje? ¿Cuanta veces antes de que sea real el abandono?
El miedo, como el imán de Lezama que se forma de los trozos que atrae, provoca lo que teme. Los mercados financieros, por ejemplo, lo saben bien; el temor a una bajada en la cotización de las acciones genera inmediatamente la bajada de las acciones. El temor a que Albertina nos deje provocará su huida.
"Es de tu miedo de lo que tengo miedo", escribió Shakespeare. Naturalmente, él (el miedo y no William) contamina como la estupidez.
De eso y de mucho más se habló allí
En "Para todos la2", el 7 de Abril de 2010.
El miedo es un juicio. Un juicio que genera una lógica de la interpretación: la lógica de lo peor. Desde el miedo todo se interpretará como el relato que antecede a la catástrofe. Para el miedoso (un enjuiciador obstinado en la fábula de la lechera) cada acontecimiento es una secuencia que tendrá como moraleja la fractura del cántaro.
El miedoso no entiende de música, sólo de ruido. "Todo es ruido para quien tiene miedo", nos sopla Sófocles.
El miedo saca al animalito que llevamos dentro (en forma de hipófisis) y, como al resto de las ardillas que tienen el cortex bloqueado, provoca en nosotros tres únicos tipos de conducta; huida, escondite o agresividad. El racista tiene miedo, el fanático tiene miedo y el violento tiene miedo. Que nadie lo dude. Sin miedo vivimos en paz.
Sí, se me dirá, pero también es muy útil para librarnos de un peligro. Cierto, pero desde que dejamos la jungla, los peligros reales son escasos y en cualquier caso mínimos proporcionalmente a la cantidad de miedos que sentimos. Entonces, ¿qué genera en nosotros miedo?
1. Los mencionados acontecimientos reales: Estamos en una travesía, cae un rayo y nos parte el mástil.
2. El juicio sobre un acontecimiento real: Estamos en una travesia y se declara una tormenta. Esto, que sólo es un acontecimiento, provoca en nosotros un juicio: "El rayo va a caerme encima y partirá el mástil"
3. El juicio sobre un acontecimiento predictivo: No hay acontecimiento (ni nave, ni tormenta) simplemente la opción de embarcar. Tememos que si embarcamos se declara una tormenta y un rayo acabe partiéndonos el mástil.
De esas tres circunstancias, la segunda y la tercera conforman la inmensa mayoría de nuestros miedos. Y en esas circunstancias, el miedo nos hace dóciles e inmóviles. Proust lo explicaba bien: "el problema no es pensar que Albertina me ha dejado, es que me ha dejado". ¿Cuantas veces hemos sentido miedo todos nosostros de que Albertina nos deje antes de que nos deje? ¿Cuanta veces antes de que sea real el abandono?
El miedo, como el imán de Lezama que se forma de los trozos que atrae, provoca lo que teme. Los mercados financieros, por ejemplo, lo saben bien; el temor a una bajada en la cotización de las acciones genera inmediatamente la bajada de las acciones. El temor a que Albertina nos deje provocará su huida.
"Es de tu miedo de lo que tengo miedo", escribió Shakespeare. Naturalmente, él (el miedo y no William) contamina como la estupidez.
De eso y de mucho más se habló allí
martes, 16 de noviembre de 2010
En plató: con Eugenio Trías y lo siniestro
Charla en "Para todos la2" el 31 de Marzo de 2010 con Eugenio Trías sobre el concepto de lo siniestro. Trías es fascinante, una nota sostenida por un chelo, apocado y frágil por su infinito tamaño (porque Eugenio, aunque no lo quiera, anda sobre zancos de conocimiento) y tan bello, que parece que hayan venido a él todos los dioses viejos a contarle secretos.
Eugenio Trías es, ahora, la antítesis de tantas cosas que se ha convertido en la síntesis de lo humano.
"El mundo se ha hecho desde atrás", le dijeron un día a Lobo Antunes, y la bella Afrodita nació de la siniestra emasculación de Urano y de las gotas de sangre del castrado que cayeron sobre la arena acompañaron a la belleza lo sórdido de las Erinias. El cid y el falo.
Schelling nos da la clave y Freud (y el alemán de Eugenio) la familiaridad que acompaña a aquello que por exponerse, sin que debiera ser visto, deviene siniestro. Luego, la aceptación estética como categorización de lo siniestro, de Longino con lo sublime a Kant y Burke, y desde lo sublime al romántico siniestro y las consecuentes categorizaciones morales.
Hoffman nos trae "El hombre de arena" y aparece Lacán con su cuerpo despedazado.
Una oreja.
Lynch (bellísimamente siniestro) nos une y Eugenio insiste; lo siniestro no sólo es límite de lo bello sino también su condición. Uno y otro, bello y siniestro, se contienen, se explican y se dan paso (se anticipan y se proceden; la música de Orfeo capaz de dormir a Cerbero de puro bella, comida a bocados desde la flauta por las ménades)
¿Que por qué ahora nos fascina tanto lo siniestro? Osiris descuartizado y Adorno que nos cuenta que después de Autswich ("metástasis del horror" Trías dixit) no se podrá volver a escribir poesía, pero lo que está anunciado es algo distinto; después de verle las tripas al diablo no volveremos a mirar la belleza. Es el albor de una nueva orientación estética, abastecida hasta el abismo por el descubrimiento de los medios de comunicación masivos. El morbo, para que acabemos identificando lo siniestro con lo real y creamos que la víscera es más el hombre que su rostro.
Allí donde más ocultemos (los grandes tapados; el sexo y la muerte) allí surgirá lo siniestro. Aviso a moralistas.
Que Eros gane la partida, Eugenio, que los dioses que te susurran te oigan.
AQUÍ PUEDE VER LA PRIMERA PARTE
AQUÍ LA SEGUNDA

Y AQUÍ LA TERCERA
domingo, 7 de noviembre de 2010
En plató: con la identidad
Debate en "Para todos la2" de TVE2 el 24 de Marzo de 2010, o donde se pretendía dilucidar qué es aquello de "¿Quién soy yo?" (se ríe Chuang Tzu), si existe un yo distinto a las acciones que realiza ese yo y esas acciones dependen de uno o de sus deseos (no son voluntad del yo los deseos de ese yo), aquí aparece Spinoza, susurra Crísipo y bosteza Lezama, donde se intenta responder a ¿y si eso fuera así? ¿y si yo sólo soy los rastros de unos deseos que no me corresponde escoger? ¿dónde recaería la culpa?, en este momento interviene Arjuna preguntando "¿qué hacer?" y le responde Krishna mientras Nietzsche se afila el bigote, y dónde uno intuye que ese yo y su libre albedrío no es más que la ficción del fundamento moral. Y aquí fue dónde se intentó todo esto, o al menos se intentó.
Maestro, le pregunto el alumno: "¿Quién soy yo?". El maestro le respondió; "Tú eres yo". El alumno detuvo la marcha extraordinariamente inquieto: "¿Pero cómo es posble que yo sea tú?", a lo que el maestro alzó el bastón y dijo:"¡Ése eres tú!"
Juan Romeu
Jorge Wagensberg
Manuel Pimentel
AQUÍ PUEDE VERSE lo que allí sucedió.
Maestro, le pregunto el alumno: "¿Quién soy yo?". El maestro le respondió; "Tú eres yo". El alumno detuvo la marcha extraordinariamente inquieto: "¿Pero cómo es posble que yo sea tú?", a lo que el maestro alzó el bastón y dijo:"¡Ése eres tú!"
Juan Romeu
Jorge Wagensberg
Manuel Pimentel
AQUÍ PUEDE VERSE lo que allí sucedió.
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