miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pavesas: El hundimiento




[…]
Et tous les soleils à venir
ne pourront que me refroidir.
Dominique A.

2004, diciembre
Y el agua hecha agua que aparece y que hay tempestad y el agua hecha agua que me cubre, por arriba y por abajo,  y que me acerco a la playa y lleno los bolsillos de pan y hundo los pies en el mar, “hijo, ¿estás bien?”, y que digo que sí, que aparte de eso todo está bien, y que dejo que las conchas me besen los pies y que el cielo que recoge del mar el agua, hecha agua, que me lame la frente y el rayo que guía la oscuridad, hacia la oscuridad, y yo que le pregunto, a la oscuridad, si se comió, de pura hambre el mar, y que aún, amor, no te he escrito aquello en un cristal, que parece agua hecha agua, y tú, amor, que todavía no has olvidado lo que aún no le te escrito y yo que sólo pienso que es tan hermosa que no sé que hacer con ella. Y que creo, en frente, divisar, en medio del tiempo, una isla, a poco que me atreva, amor, a levantar la vista.

Me lo contaba un marino que naufragó un día:
Te agitas, te pasmas, pareces estúpido, no entiendes que te estás hundiendo. Tu voz se va haciendo más pequeña, alguien ha echado las cortinas, te miran desde la orilla de los vivos pero como que no te ven. Las figuras, fuera, se afinan como un alfabeto en una lengua extraña con la que se podría haber escrito, sobre un mantel, cualquier cosa. Y piensas que es sencillo hundirse, y piensas en dejarte, en renunciar, y piensas ¿renunciar a qué? y te acuerdas, un momento, de sus piernas de papel y las amas como si fueran la cola de una sirena y te dice el poeta que mientras mayor es la belleza más grande es la mancha (y que no te ahogas, que sólo te están manchando) Y el cristal se empaña. Y crees, lo crees firmemente, que ese animal que se agita no eres tú, es otro, inventado por amores viejos y oyes, entre eructos de peces, las excusas de los vivos y descubres, sólo, tú solo, que las lágrimas están hechas de agua de mar.

jueves, 13 de septiembre de 2012

En plató: El poder; ¿quién manda en el mundo?



31 de Enero del doce y yo que al chico guapito de cara que se mueve como si un chinche explorara su recto camino, le apuntaría: “hijo, el poder no necesita palabras honestas, las tiene verdaderas”, y tú lucidez lujuriosa que te enroscas a mí como la pena y Germán Cano que ni tose y el pizarrín que desaparece y Arcadi Oliveres que ni se quita la chaqueta y el agua, hecha agua, que desaparece.

Allá donde cualquiera de nosotros tropiece con una verdad lo que habrá encontrado será un poder, porque el poder es simplemente eso: la capacidad de construir verdades. Un cambio de verdad, un cambio de paradigma no es un cambio de razón, es simplemente, un cambio de poder.
Pero la verdad, para las criaturitas de razón, tiene que ser razonable, es por eso que los locos sólo ostentan el poder cuando su locura es razonable, cuando han convencido a los cuerdos, no de que se vuelvan locos, sino sólo de que se convenzan que su locura es razón. Ese mecanismos de convicción razonable es lo que los teóricos del marxismo llamaron “razón instrumental” (la razón puesta al servicio del poder para dotarle de su correspondiente verdad)
Esto es inevitable

Al poder le importa muy poco quien lo represente (cualquiera que sostenga la verdad y la preserve) pues ya no es un poder soberano sino el poder de la manada (manada, no mamada) y entre sus últimas innovaciones hiperpolíticas está el creer que la realización individual pasa por consolidar al poder (todos somos micropartículas activas que lavan más blanco la réplica de ese entramado estructural que es el poder) Consigue un sueldo, paga una hipoteca, adquiere un vehículo de lujo, desanima al borracho al loco o al iluso, hártate de amigos virtuales y te realizarás como persona. El poder no es sólo un arcaico mecanismo de represión sino de realización del individuo. La recompensa no la que ves, sino la caricia del amo a su perro (del amo al esclavo, lo sé querido Hegel)
Esto es inevitable

Y ahora, ¿Quién manda en el mundo?
El Capital, releed a los clásicos marxistas y encontraréis una razón, otro poder que explique y cuestione éste (qué gusto ser un trasnochado después de una noche de juerga con las corbatas desabrochadas y el cimbrel todavía humeante) con unos mediocres gestores llamados clase política (a los que el amo además de caricias les da huesos, en ocasiones cubiertos de nalgas) Proteged al Capital, pues sólo él os hará libres.

¿Y al chico este guapito de cara que canta, qué le dirías? Diselo tú, Germán, que a mí me da la risa.
Gracias, Arcadi, por acompañarnos.


Ite missa est

viernes, 13 de julio de 2012

Pavesas: Deseo de ser horda. Los mineros



13 Julio de 2012, ahora que me he servido mi pie derecho para comer. 

Son vísperas y en lugar de oír el rezo o al muecín clamando desde el minarete una señora se abraza a un joven y apunta: “Todos somos mineros”. Y yo que veo las imágenes de los mineros entrando, en columna, en Madrid y que siento una infinita nostalgia de la horda (esa que la izquierda siempre quiso olvidar y que el fascismo convierte en comuna nacional) y de las orgías y de un cuerpo que traspase mi cuerpo para ser, no pan de hostias (algo con lo que ya ni siquiera honrarán, porra en mano, a los mineros), sino piel, músculos y huevos de la horda. Y yo que me abrazaría con vosotros, chicos y chicas, padres, esposas y muertos, y que me pondría, como vosotros, una lucecita en la frente y que cantaría canciones de horda y que rezaría con vosotros, señora, ahora que son vísperas, para que os preserven el derecho a seguir teniendo una vida miserable y que me otorguen a mí, padre por qué me has abandonado, el de ser algo. Y yo, que más que otro narcisista al que han convencido los de la hiperpolítica, que quería tener, como vosotros, las suelas desgastadas y un rictus de cansancio (y no de hastío) y un casco (vuestro hábito, vuestra identidad, la bandera de la horda) escrito con mi nombre (mi nombre, señora, es el de un cuerpo entregado a la horda) y sujetado, encima de las cejas, por un motivo (qué lejos quedaron los motivos y qué cerca las justificaciones)
Todos somos mineros” y yo que sí, señora, que a usted también la besaría y cogería a su criatura en brazos y le daría, si me quedara leche en los pechos, de mamar y despuntaría el pico en la testa de esos que van a hacer de la orgía, política, y haría de los intelectuales que callan y opositan, el chivo que descuartizar, por nosotros, por la horda, ahora, en nuestra comunión.    
Y que me gustaría, señora, escribir esto a lápiz para que fuera el carbón el que hablase y no lenguaje auto elegiaco (el lenguaje siempre es una auto alabanza, si no me cree, lea, señora, una carta de amor) y que soy, mamá, un imbécil que no puede ni siquiera, abrazarme como Nietzsche a un burro, “pero qué bien se insulta éste, aunque no parece un minero”, y yo que le diría que sí, señora, que soy minero, mucho más que el de la copla, que mi cielo es una mina (sin vetas doradas) y que por favor me dejen un sitito, puedo cantar, coser, ondear banderas y hacer discursos que parezcan reales, entre los que son bárbaros, que antes que bárbaros, ellos, al menos, son.  
Y yo que creo, por un momento, que van a liberar Madrid y que luego su bendita horda liberará Barcelona y la City y Beaumont sur Mer y finalmente mi casa y luego a mí. 
Y el joven con camiseta de Custo que replica: “todos somos mineros”, y a mí que ya se me cae una lágrima y que pienso que sí, que la camiseta es horrorosa, y que quizá esta vez sí, esta vez viene la horda a engullirme y a escupir, por entre los dientes, mi aislada individuación y que ellos serán yo y que yo seré ellos, y a usted, señora, comérmela con apetito, sin necesidad de ficciones amorosas, y el llanto que se me acentúa y de mi polifonía interior (esa que me vuelve loco) aparece el lúcido y me sopla al oído; No, amigo, ni ellos, ni tú, ni yo somos mineros, somos jilgueros empleados para morir con el gas grisú.


jueves, 14 de junio de 2012

En onda: el fracaso

L'écho est mon voisin
La brume est ma suivante
R. Char


Hacía tiempo, tanto como el de escribir una carta de amor, que no venía a partirme el labio mi amante la lucidez y a decirme, "vomita el adiós, amor mío" y a convencerme (ni siquiera la lluvia es tan persuasiva) de que donde no hay no se espera.

3 de Abril del 12 (como los clavos del doce) y estamos, algunos más que otros, en "Afectos en la noche"

No te contesto, porque entiendo, querida Ágata, aunque seas santa entre las santas, que el reproche es algo que hay que ganarse, como la medianoche, y ya no tengo para ti ni argumentos, ni poemas, ni lágrimas, ni más. 
sí, a mí también me ha parecido oír algo, como una estridencia
Porque haces, de tu estar degollada, el ser madera de féretro de los alfabetos y te caes, de mí, sin estruendo, porque el estruendo es algo que hay que ganarse, como la medianoche, y que haces de las palabras mis toses y de tus vicios, de santa, mi silencio. Y porque me convences, con tu mueca de pulcra suicida y tu gesto de admirada por penitentes, que es más fácil ser penitente que abstinente, y haces que sienta infinitamente más la belleza del que te esculpe que la tuya.
Y yo que pienso, o al menos eso pienso, en el "Hörst du...hörst du", del judío Celan llamando a un Dios que no escucha, no por sordo, sino por bobo, porque nunca tuvo capacidad para entender lo que le decía el devoto.
oirán, de vez en cuando, una voz como tonta del culo, no hagan caso es una interferencia, una estupidez, un eructo vocálico de glotona venida a señorita.
El fracaso hay que ganárselo, como la medianoche, y como la medianoche requiere de talento, creatividad y coraje y no afecta al ánimo, como las manos frías, sino a la constitución del individuo. El fracasado no es erróneo en la acción, es sólo consciente del resultado de la acción. Su identidad no es la derrota sino la conciencia de la derrota (y eso es sólo privilegio de unos pocos)
creen que han oido algo pero lo que han oído es nada
La frustración es la necesidad de consuelo del que no es consciente y cree que su simple frustración, alcanzó la categoría de fracaso. Es por eso, por la capacidad de crear argumentos del frustrado que creyéndose fracasado admira el fracaso que, como el aliento del diablo, fascina al león y, también a la hierba pajiza, pues la hierba queriendo ser árbol se quedó en pasto de vaca. 
sí, se repite, es ligeramente molesto, pueden escuchar si quieren, pero no merece la pena; son aires intestinales de la digestión de palabras huecas que, como los buñuelos de cuaresma, tienen azúcar pero son de viento.
Y yo que pienso, pues el pensar hay que ganárselo, como la medianoche, "Oye tú...oye tú", que el fracaso no está en quien no obtiene respuesta sino en quien no responde. En quien no provoca el estallido del que estalla. Por más santa que seas, Ágata, entre todas las mujeres.
"Duele un labio partido porque atasca las palabras, amor mío"


domingo, 29 de abril de 2012

En plató: La metafísica


27 de Abril de 2012 y sin que tú lo sepas, sólo va a salir el término “trascendente” en un chiste, y antes, aunque no lo creas, Rocinante, hemos comido y porque a mí la pelvis me la partió, de un rebote, Isleño, que si no, también, antes, habría arreglado lo de la trascendencia del sexo a empujones, como los niños malos que creen que la metafísica es sólo cosa de niños buenos.

21 grados en plató. El punto frente a la silla, Juanjo Pardo a mi izquierda mientras que está (misterios de la geometría) a la derecha de Ángel Gabilondo (que manifiesta, serio, que a él lo del maquillaje le recuerda la mortaja, y hace, después, de los rapsodas huecos, polvo de tiza)


Las 12h35 (ya está la Virgen anunciada) y una voz (¿el arcángel San Gabriel?) pregunta; ¿Qué es la metafísica?





Y yo que en bambalinas, tras el corte de cámara, tras el decoro, pienso que mientras la religión es la verdad, “Jesús es la respuesta” (para que los penitentes olviden, vive Dios, la pregunta), la metafísica es el cuestionamiento de la verdad. Y que le dio de mamar, a la metafísica, la escritura, acto espejeado de la lectura, precisamente porque con la proliferación de fijaciones en la escritura del mito, la verdad, queda en entredicho (esto no lo acaban de entender los que achacan a la Iglesia su obstinación por no dar versiones, su estatismo y la inmovilidad, olvidando que en cuanto su verdad se cuestione no habrá verdad sino discusión sobre la verdad…¿Ahora la verdad contempla los condones?) Mientras el mito se habla y se repite no se confronta, mientras el mito queda escrito por el mitógrafo, surge en la verdad la diferencia (se interpreta y se cuestiona) La escritura es el dominio de la versión. Y el vaso que cae y estalla y que hay que restablecer las correspondencias antiguas del ser (que debe ser uno pues si fueran dos uno de ellos sería distinto y el no ser no puede ser el ser) y que nos preguntamos, escritura y razón por medio, “¿Ha caído el vaso?”, “¿Lo hemos tirado?”, “¿Hubo alguna vez un vaso”?, y que no tenemos más cola para recoser el vaso que la dialéctica, el “dia logos” (el “a través de la razón”)



Y que entiendo, mientras nos estrechamos las manos, por qué Ángel, tan metafísico, tan cordial, tan mundano, tan ángel y tan humano, recomienda la lectura (el diálogo entre dos amigos) en este tiempo en el que no queremos pisar cristales, ni saber quién es el yo que lo pisa, tiempos de respuestas sin preguntas, de píldoras sin diálogos y de tetas retocadas sin un alma que echarse debajo.

martes, 6 de marzo de 2012

Obra: "l'absent"



"L'absent"
detalle
200 x 200 x 15 cmts
2004






2004 y ayer, que ya era 2012, me acordé de ti.
Andábamos al alba, como siempre de puntillas y a pies descalzos, cuando llamaste, María, y me pediste que te hablara del agua. El agua, lo que siendo no se opone, y yo, que cantando nanas afino poco, hice lo que puede. Y me acordé, al oírte, María, del ausente y del cocinero japonés aquél al que, tras años de esfuerzo y dedicación, le dieron la estrella Michelín y que a la mañana siguiente, subió despacio hasta el ático del inmueble donde vivía y se arrojó al vacío. Pero, ¿sabes María?, el japonés sobrevivió y cuando alguien le preguntó por qué quitarse la vida tras su éxito, cuentan que él respondió: “porque no tenía a quién contárselo”.
Y yo María, que sé, como tú, lo que es el miedo e intento saber, como tú, lo que es el agua, prometí aprenderme todas las nanas y derramártelas, y que esa noche tú fueras quien me oyera para que esa noche fuera yo quien te oyera. Y yo, María, que soy el ausente por estar ella ausente, y que, como tú, ando a tientas acariciando a ése al que contárselo y tiemblo, como las cuerdas de tripa, cuando las cortan, si no lo encuentro.
Y ahora, que andamos al alba, como siempre de puntillas, espero que llames y me acuerdo, María, llena eres de gracia, de lo que quise decirte ayer, cuando todavía era, dentro de tu vientre, el 2004.


jueves, 2 de febrero de 2012

Pavesas: un besugo no se hunde (salvo si está muerto, sin metáforas)


19 lleva Enero del año de 2012 y yo que creo, o al menos eso creo, que son muchos lamentos ya y que harían falta, al menos eso creo, todos los dedos de las manos de un ciempiés para contarlos. Charlo en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre el símbolo artístico. 
Y hablamos y hablamos y nos decimos que somos entidades creadoras, nuestra conciencia, que necesitan construir una identidad, la del yo que, como el viejo dios hindú, crea el mundo sólo con pensarlo, el mismo mundo que, a su vez, crea ese yo. Un proceso de amor infinito; yo te creo a ti y tú me creas a mí. Mientras dure el pacto estaremos vivos. Y nos besamos, mi realidad y la realidad del mí, con puntadas que tejen la sábana que nos cubre. Esa aguja que pincha es el símbolo y el hilo es la correspondencia. Y hablamos y hablamos, y yo que espero que no te gires y tú, mientras te giras, “¿Cómo pude volver la mirada, amor?”, y hablamos y hablamos y luego, con una maleta que no es mía sino ya una correspondencia, vuelvo a casa.
A la gatita le pusimos por nombre Mademoiselle Marché aux puces, aunque la solíamos llamar Manenette.
Hay un barco que se hunde. Cinco mil (páguese #5.000# al portador) pasajeros. Encallado en las rocas costeras como si formara parte de una actividad programada (cruceros de placer) el coger mejillones desde el camarote. Y hay un capitán, que no se hunde. Y todos, y yo, buscamos un símbolo que de significado a estos signos (barco, inútil y hundimiento) y que siga creando el mundo y al que lo crea.
Y construimos, a golpe de pelvis y jaculatorias, la metáfora (el símbolo y la correspondencia) hasta que aparece una; el advenimiento de un mediocre. Un tipo simpático, que trepa, trepa y no se hunde, que cuenta chistes con soltura, “charmant, my dear”, descarado, aunque guapito de cara, que sabe qué vivo beber, un poquito canalla (siempre que eso no manche), capaz de bailar un agarrao con buena cintura, “cheek to cheek”, con las dos manos en el culo, atrevido, “me encantas, cheri”, lo justo para no jugarse nada, con labia y una lengua de chulapillo que repta por el entendimiento de otros mediocres que creen creer que él no, y ellos tampoco, son tan mediocres. Un tipo listo, pero mediocre, al que los de su estirpe le dan un barquito para que lo hunda, pero él no se moje. Un mediocre. Dos mediocres, tres mediocres y un barco blanco.
Era pulgosa, al menos así vino, por eso lo del Marché aux puces. 
La metáfora del barquito, la del inútil al que le espera su puesto de responsabilidad, en la torre de mando, para que la media ponderada se pregunte, al menos eso creo, ¿cómo este inútil nos gobierna?, mientras añora, la media, ser tan inútil como él y levantarse los sábados, entre copas y medallas, pivones, trofeos, de quince cuartas y tres agujeros agujereados, y saber levantar el brindis, y poder, desde la aceptación de su inutilidad, hundir un barquito (abrirle en el casco la boca, el ano y la vagina para que circule por ellos su agua que engendra el mundo mediocre de un mediocre)
Y si uno algo entiende de la sodomía de la conciencia, que enviste con pollas de metáfora, es que no podrá renunciar a ella y hablamos y hablamos y enterramos a la gatita en el jardín, y  a veces, cuando sopla el viento del sur y aparecen mariposas de su color, me acerco a su cama y le cuento metáforas que ella, en silencio, escucha.
Y hoy, que no he escarbado bajo tu falta por miedo a encontrar otra metáfora, pienso que hablamos y hablamos, y pienso, al menos eso pienso, que hablamos.

domingo, 8 de enero de 2012

Plató: Sami Naïr

Llega, el 28, con camisa blanca y traje azul. Es Octubre y sonríe, nadie (que es lo mismo que todos) diría por su sonrisa que ha sido consejero de Lionel Jospin y amigo personal de Felipe González, sonríe y solicita, amable, un café y nadie (que es lo mismo que todos) dirían que es la persona más influyente de Europa en cuestiones de migraciones humanas. Se sienta y sujeta el chelo con el trazo de un seductor de verdad (uno de esos que las gallinas cluecas amantes de incubar niños, en silencio, siempre en silencio, creen que sólo es un marido) Montse, que sabe lo que sabe, levanta la batuta. Inicio titubeante el Preludio. Pausa de ajuste. Sami observa el arco,  lo apoya en la tercera cuerda, abre ligeramente los pies y regala, sobre las toses, la Allemande, la Courante, la Sarabande, el Minueto y la Giga.
Y yo, que soy dado a las fantasías y a querer construir verdades con materiales que se derrumban (los niños orinan en las esquinas y hacen óxido los besos) aplaudo. Y yo, hoy, que nunca (que es lo mismo que siempre) me he sentido tan curvo, aplaudo.




Y que tú (que es lo mismo que todos) lo escucharas.

domingo, 1 de enero de 2012

Obra: "de la tempestad"






"de la tempestad"
detalle
200 x 200 x 10 cmts
2003
Colección del autor




"Il faut que l'herbe pousse et que les enfants meurent"
Victor Hugo

2003 y, sin saberlo, se va a producir la tempestad.

Si Dios o el Diablo o tan siquiera nadie me ofreciera la posibilidad de tomar un vino con un muerto, no elegiría a Buda, ni a Shakespeare ni a Ulises, ni al mismísimo Jesús, el nazareno, no, si tuviera media hora hasta el alba y dos copas de vino, las apuraría con mi padre.
Eso me enseñó, sin yo antes saberlo, la lluvia.

2003 y, sin saberlo, se va a producir la tempestad.