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lunes, 17 de noviembre de 2014

Pavesas: lo común, la erótica y lo discontinuo

17 de Noviembre, y al membrillo, de puro tiempo, rompió la continuidad de sus frutos.

Colectivo no es una categoría sino una erótica; dar continuidad a lo discontinuo, hacer, aunque sea un momento, indiferenciable lo diferenciado

Y a tí, que me erotizas aún cuando cierro:

Seres "en relación a", individuos que conforman "existencia" (que se abren hacia afuera) a través de la generación del vínculo con lo otro; esa "atractiva" afección de vincularse es la erótica. Imagina, cosa imposible por más capacidad abstracta que tengas, lo que es un "4" si no lo insertas en un serie y por tanto en una correlación numérica... pues eso sería un humano sin exterioridad. Sin el otro ("objetos" si quieres confrontarlo con "sujeto") y el deseo (que nunca, por más que el deseante lo crea, es por el objeto sino por las correspondencias simbólicas que en nosotros funda...decía Proust; no amo a esa mujer sino a su paisaje), no hablaríamos de existencia ni de realidad; hacemos mundo porque deseamos el mundo que nos construye al vincularnos a él eróticamente con el acontecimiento de la extrañeza. Y entiendo, y siguiendo a Bataille, que en la erótica no se busca lo otro, sino la continuidad del ser a través de la (y las) aperturas (en el sentido más amplio) del otro. Perder una discontinuidad, que como discontinuidad agoniza, para insertarse en lo indiferenciado que, como muerte, al menos, siempre "es". Posiblemente esa atracción erótica por continuar lo que por diferenciado va a ser discontinuo es lo que más ha aterrado al orden moral (el de las categorías y las discontinuidades) De ahí quizá el poder erótico de la transgresión y sus manifestaciones sagradas en, por ejemplo, la orgía (...mejor en una indiferenciadora oscuridad) o en la "pequeña muerte" del aullido orgásmico. Por eso lo comunitario nunca es categoría (español, casta, judío o musulmán...) salvo para la moral que busca lo diferenciado; lo comunitario es siempre "erótika". Éste trabajo de Papaioannu me parece que concreta mucho mejor que mis palabras esa intención (por eso es una pequeña obra de arte)

 
NOWHERE (2009) / central scene / for Pina from Dimitris Papaioannou on Vimeo.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Pavesas: Érase una vez "Facebook" (segunda visita)



EL GRAFÓLOGO 06.10.13
Hace pocos días en la radio pública un grafólogo (¿?) explica los motivos de su éxito. Cuando el entrevistador le pegunta por si su método podría aplicarse universalmente en el sistema educativo, él responde que sí, que por supuesto, que ya nadie sabe lo que es educar a un niño y que los mecanismos de formación están completamente desfasados. Para el grafólogo (¿?), todo el error está en aprender a escribir sobre líneas pautadas horizontales. Si todas las líneas pautadas siguieran una ligera inclinación partiendo de un punto bajo a la izquierda a uno más alto a la derecha ("se escribiera hacia arriba", puntualiza) conseguiríamos con ello que los niños fueran más creativos, originales y felices. La historia, con la que refuerza su tesis, le da la razón; la Revolución Industrial quería tipos disciplinados que aceptaran las órdenes del trabajo en cadena sin rechistar (por eso aprendimos a escribir recto), ahora los tiempos de la globalización quieren personas que cuestionen las órdenes, que sean creativas.
Un ejemplo de construcción significante de la realidad en la que la verdad, si se encontrara, volvería a ser lo más cruel que inventó el buen Dios para las realidades (explicando, quizá, el que el individuo con capacidad creativa borra las pautas o se las mete, independientemente de hacia adónde apunten, allí por donde le hubieran cabido el micrófono al grafólogo (¿?) y al entrevistador (¿?)

Si alguno de vosotros cree que esto que acabo de contar es ficción, me sobrevalora (o aprendió a escribir recto sobre líneas pautadas horizontales)

LA CRUELDAD 03.10.13
Si algo muestra la completa debilidad de lo que nos constituye (física, cognitiva o moralmente), eso, indefectiblemente, es cruel.
Y mientras más sistemas de protección ontológicos y sociales tengamos más talento tendremos para percibir la crueldad y más eficaz será ésta; el horror de desvestir a una virgen (una significación) y encontrar, en verdad, el palo (y quizá sea porque creemos que la realidad es significante pero lo real es palo, que nos fascina y fascina, la crueldad, a la creación)

MANDIBULARIO 29.09.13
Mandíbula es, en "El Eunuco" de Terencio, un parásito.

Él mismo refiriéndose en lo que precede a necios, normalmente, con poder, siempre, lo define así:
"[...] dicen que tal, yo lo aplaudo; dicen no cual, también aplaudo;
ellos que negro, yo negro; ahora que blanco, pues yo blanco"
Posteriormente, Mandíbula, ensalza la rentabilidad ética de su posicionamiento y propone:
"Voy a fundar una secta, a ver si fuera posible, que al igual que las escuelas de filósofos se llaman platónicas o socráticas en recuerdo de quienes las fundaron, los parásitos lleguen a llamarse, en recuerdo de mí, "mandibularios"

Una de las múltiples formas de manifestarse se los "mandibularios" es la exaltación expresiva de la jerga iniciática del patrón (por ejemplo, económico, político, tecnológico...o filosófico)
Cuando se encuentran entre ellos y despliegan su plumífero lenguaje (preferentemente antes los otros que sólo usan las plumas para protegerse de la intemperie) lo que manifiestan no es nada que conforme, comprenda o cambie el mundo, sino simplemente su adscripción parasitaria al patrón al que rinden pleitesía (del mismo modo que, conviene no olvidarlo, cuanto un ornitólogo habla de un pato, no habla de patos sino de ornitología...al pato no le hace falta saber de ornitología para seguir siendo un pato)
Hay, por supuesto, otras formas de ser mandibulario, pero ésta trituradora de presente (en nombre de la actualidad) llamada Facebook (que olvida, como Dios, aquello de que quien todo lo ve carece de juicio) puede sentirse ofendida si hablo de las mil y una maneras de remangarse, y mostrarle, al que da y con gusto, las posaderas.

lunes, 31 de marzo de 2014

Pavesas: Lazing on a Sunday Afternoon

 Perdido ya el fundamento metafísico de "duplicidad de los real" (Rosset) que redactaba la "vana esperanza" prometéica de un sentido absoluto, es de agradecer a "El Mundo" su esfuerzo semanal por reintegrarla y sacarnos de la ciénaga nihilista (sin Dios, ni razón, pero con pasta) con su suplemento "Fuera de serie".
Para mostrar al mundano, al que solo le resta la inmundicia de la mundanidad, que un mundo duplicado hacia arriba existe, se detiene en una crónica sobre una finca de caza en Ciudad Real en la que a partir de 40.000 euros los tocados por la gracia puede matar perdices (y comérselas y ser más felices), en el que abundan lacayos con guantes (para no manchar con sus manos carnales la inmaculada piel de los que tiran al cielo) y pista de aterrizaje (para que se posen sobre el paraíso los ángelitos) A solo dos horas de Madrid (pero hacia arriba) si llega usted, miserable, en coche (más rápido si le sube un querubín) y atraviesa, lástima que no lo filmara la Riefenstahl, "hectáreas de olivos centanarios perfectamente alineados, viñas geométricas y tierras que se pierden, alomadas, en el infinito...y el asombro que producen unas cien antorchas encendidas que enfilan el camino hasta la casa" (SIC) . La señorita redactora, que como las antiguas monjas visionarias ha podido saborear el lugar, inicia el relato imposible de su metafísica experiencia con esta reflexión estética (no os esforcéis en participar de ellas, miserables míos, pues no son palabras para vosotros): [...] "Hay un canon que hace distinguible lo que es bello de lo que no y un intangible capaz de aumentar lo bello que por sí solo puede ser hierático: el atractivo. La cualidad que suma exponencialmente y arrebata...El atractivo es a la belleza como el estilo de vida al lujo. Hoy lujo no es solo poseer cosas que muy pocos pueden tener, sino la sensación que se experimenta, a través de ellas, de pertenecer a la élite." [...]
La voz del éxtasis, el "instante", de la llama que te atraviesa, del heraclitiano "el rayo lo gobierna todo" y la experiencia de un "estilo de vida" rodeado de vírgenes (y no vuestra experiencia, cerditos mundanos, que solo conocéis las vírgenes antes de que sean vírgenes)
Prosigue, sor Hildegarda del Tiro al Pichón, presentándonos a los patronos del cielo [...] "jóvenes, altos, rubios, ricos y felices" [...] y yo, de puro éxtasis, desmayo.
Es al despertar, cuando descubro la esencia del mensaje; en el artículo siguiente, otro abducido por los de Raticulín (pronúnciese en británico) relata la experiencia de una barca ("boat") que cuesta 900.000 euros, surgida directamente "De la visión de un grupo impersonal de embarcaciones" (SIC) en las tardes de hastio que un visionario sueco pasa en en la rivera francesa. Ese impacto estético, le produce al sueco, según el límpido redactor, un impacto indescriptible; "se atragantó al ver tantos barcos similares..." (supongo que al querer darle un masaje cardiaco y arrimarle el desfibrilador, instrumentos de mortales sin sentido y baratos, el sueco balbuceó, en sueco, algo así como, que no, coño, que no es el corazón, que es mi exquisita sensibilidad zaherida al ver el "grupo impersonal de embarcaciones")
Y es ahí, Dios mío, cuando descubro que yo, mi familia, mi prole y todos mis muertos, solo somos "un grupo impersonal de embarcaciones" (lo único de toda la hoja parroquial del Domingo que no tiene precio) y que estoy siendo una existencia submetafísica, una existencia "en serie" y que solo soy capaz de reirme con Valérie, toser (¡ay el joio tabaco!), revisar mentalmente el montante de mi descubierto y mearme en semejante tratado sublime de metafísica post nihilista.
Sé, queridos míos, porque pertenezco a la misma estirpe que vosotros, que no entenderéis la trascendencia que transmite el mensaje de la buena nueva del suplemento dominical, que como solo sois tinieblas no participaréis de su luz ("Y la luz brilló en las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron" S. Juan), que los que os creéis más listos pensaréis que solo es intento del neocapitalismo por birlaros y distraeros de vuestra repugnante existencia, hecha de lodo y de reptar, pero la realidad es que ni con "la euforia en la infelicidad" (Marcuse) os podréis compensar (el altavoz Goldmund Apologue cuesta 500.000 euros y eso que es pasivo y solo tiene, como mi parienta, tres vías, y el reloj Piaget Altiplano Double Jeu, 277.000...y eso porque los chinos de la China están haciendo mucho daño reventando precios)
Pero, anda y joderos, mundanos del no mundo, que no os veis ni la polla (perdón, el pene), mientras ellos son capaces de llegar en barca a Ciudad Real.

sábado, 22 de febrero de 2014

Pavesas: Érase una vez "Facebook" (primera visita)




ZARATUSTRA, SU MÁSCARA 04.09.13
Zaratustra, exhausto, se apoya vencido en una roca, no hay más compañía que la claudicación ni más consuelo que el abandono.
De repente, cuando no espera nada, otra idea le alcanza.
Y es ésta su última plegaria:
"-Dame, te lo ruego,dame...
-¿Qué?, ¿Qué?
-Otra máscara, una última máscara"
Así me lo contaron de noche y así el propio Nietzsche, autor y loco, lo refería ("toda mente profunda necesita una máscara") Desconfiad, pues, de las máscaras comunes, la primera tarea de la genialidad es encontrar la máscara que le permita confundirse en el resto (mientras, el común, de puro común, imposta la máscara que lo diferencie)
Ahora que es Septiembre y dudo si es más tenaz el cristal o la mosca.


LOS DÍAS FELICES 26.06.13
Entre Winnie, la enterrada, y Willie, el que repta, encontramos, pienso, ahora pienso, dos residuales visibles en cualquier territorio de sociabilización humana ("Facebook" lo es). La dependiente, que vendería su virtud, si la conservara, por un afecto o un palmero, y el baboso, sólo con la arqueología (las babas) de su deseo (el ansia enamoradiza de babas) Winnie, la que utiliza el mensaje ("estoy bien, estoy mal, estoy regular") como los murciélagos el sonar para medir la distancia (en pasos cardinales de "me gusta") con el resto de una manada que pace, la que cita citas que ni son suyas ni la llevarán nunca a una cita (las citas, Winnie, como los chistes, se enmarcan y se recuerdan, no se reproducen sin su correspondencia), la que plasma mensajes de felicidad, ilustrados, que sólo reclaman un poco de teta (ignorando que nuestro cerebro no está construído para la felicidad, ni siquiera para pensar, y que la ubre es sólo para los recién llegados)
Willie, con su postal pornográfica entre las manos, pienso, ahora pienso, capaz de cambiarla por una intoxicación amorosa, falsa, tan falsa como él, lejos, tan lejos como él. Que gemiría, si pudiera sacar la lengua de aquel culo que recuerda, para que su ama lo sacara a pasear un rato.
Ambos, Winnie y Willie, emparejados, unidos entre sí tiernamente por un vínculo de afecto por la resistencia (el acuerdo amoroso de duración) ambos, Winnie y Willie, mamíferos transparentes, por más que se escondan dentro y tras un montículo, como lo que hay entre nada y nada.
Winnie y Willie, están, además de entre vosotros (aunque no lleguen a los vosotros), en "Happy days" de Beckett
¿Absurdo?
No.
No queremos la verdad cuando nos satisface la mentira.


LA SEDUCCIÓN: 28.05.13
No nos seduce sólo lo que nos gusta, lo semejante, que nos aporta modos ampliados de existir, nos seduce lo que nos da territorio (una extensión identitaria), lo que nos permite añadir a nuestra existencia modos distintos de existir. Si ese nuevo territorio que nos proporciona el elemento seductor nos gratifica y nos hace crecer, nos seducirá. Por ello hay que ser muy inteligente para seducir a un inteligente o muy estúpido para seducir a un estúpido (pues gratificarás su estupidez), pero también hay que ser muy zafio para seducir a un inteligente y muy inteligente para seducir a un bobo (pues el bobo encontrará en la inteligencia una oportunidad de ser distinto, de crecer distinto) Somos entidades de probador (por eso hemos llegado a comernos una gamba), nuestra existencia es la prueba de nuestras pruebas (y esa es nuestra única esencia) Pero el hambre de probar, que nos la da el consustancial deseo humano, sólo se concreta en los desplazamientos (normalmente ridículos; "¿no es verdad ángel de amor?") que nos posibilitan la secuencia de seducciones que abordaremos en nuestro tiempo. Eso lo sabe el afecto adicto, criaturita, que añora en cada seducción amorosa encontrar la conciencia de un amo que le de existencia (cuando, y eso no lo sabe, su única esencia son las capturas pesqueras) y lo sabe el sabio (que huye de aquellas seducciones que sólo le van a distraer de su autenticidad procurándole la "mala fe" de los determinismos falsos)

domingo, 20 de enero de 2013

Pavesas: ¿Revolucionarios? ¿Dónde?

"... de modo que luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvación"
En el Prefacio del "Tratado teológico-político" de Spinoza



La gran radicalidad del poder es la de hacernos creer que nuestra realización pasa por su perpetuación. Convencernos de esto es su poder y su supervivencia. Mientras nos sigamos realizando como humanos dentro de determinado marco de poder, éste nunca cambiará.
Así, cualquier revuelta, indignación o pataleo cuya aspiración sea el integrarse en los mecanismos de recompensa que el poder nos ofrece contiene en sí misma el antídoto contra sus manifestaciones revolucionarias. Nunca será una revolución.
Una revolución pasa por la realización fuera de los marcos de poder (de  nómada a sedentario, cuando el poder concreta lo humano en el nomadismo, de proletario a camarada, de miserable a clase media, cuando la clase media ni existe…pero si, por ejemplo, los revolucionarios franceses del XVIII hubieran aspirado a ser aristócratas, algo ya admitido en su estructura de poder, no hubiera habido nunca revolución…del mismo modo, una revolución desarticula el modelo social de familia, pero un reajuste permite que la homosexualidad sea acogida por ese modelo de familia) Una revolución descompone la estructura de poder y hace que su cuerpo sea incompatible con el propuesto (el veneno según Spinoza…una revolución es una enfermedad mortal para el poder) La revolución no pasa por eliminar al corrupto del sistema social sino por erradicar nuestra ansia de corrupción para prosperar en el sistema social, esto es un ejemplo.

El esperma de las actuales revueltas es la precariedad (económica, social y moral) No es una epifanía, ni una idea, ni una aportación intelectual, es la precariedad. Cuando una propuesta se basa en la precariedad, a lo que se puede aspirar en la acción es al tumulto  y en su reflexión política al reajuste. Nada más que al reajuste, porque está reclamando que el poder, el existente, repare su precariedad. No queremos desintegrar los enlaces orgánicos del poder (seguimos convencidos de la verdad del poder), es más, intentamos proteger al poder del veneno, ese sí más revolucionario, que propone (quizá contra historia, quizá no) el neocapital. Estamos siendo contrarrevolucionarios  que creen que el poder debe reajustarse para luchar contra ese nuevo virus que no contempla lo humano en base a no perder los reajustes que hemos ido introduciendo precisamente para preservar el poder que nos viene amparando. Queremos seguir siendo humanos con las gratificaciones (formación de servidumbre, capacidad productiva servil y derecho a la deuda) con la que nos venía recompensando el poder.

Y no pasa nada por decirlo y no va a ser fácil conseguirlo (especialmente cuando el contrapoder capital sabe que puede calmar nuestras aspiraciones conservadoras, precarias, tristes, con un bocadillo de calamares, impidiéndonos pagar la ronda, en un pausa, con nuestra tarjeta de crédito, o con nuestro subsidio de desempleo)

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pavesas: El hundimiento




[…]
Et tous les soleils à venir
ne pourront que me refroidir.
Dominique A.

2004, diciembre
Y el agua hecha agua que aparece y que hay tempestad y el agua hecha agua que me cubre, por arriba y por abajo,  y que me acerco a la playa y lleno los bolsillos de pan y hundo los pies en el mar, “hijo, ¿estás bien?”, y que digo que sí, que aparte de eso todo está bien, y que dejo que las conchas me besen los pies y que el cielo que recoge del mar el agua, hecha agua, que me lame la frente y el rayo que guía la oscuridad, hacia la oscuridad, y yo que le pregunto, a la oscuridad, si se comió, de pura hambre el mar, y que aún, amor, no te he escrito aquello en un cristal, que parece agua hecha agua, y tú, amor, que todavía no has olvidado lo que aún no le te escrito y yo que sólo pienso que es tan hermosa que no sé que hacer con ella. Y que creo, en frente, divisar, en medio del tiempo, una isla, a poco que me atreva, amor, a levantar la vista.

Me lo contaba un marino que naufragó un día:
Te agitas, te pasmas, pareces estúpido, no entiendes que te estás hundiendo. Tu voz se va haciendo más pequeña, alguien ha echado las cortinas, te miran desde la orilla de los vivos pero como que no te ven. Las figuras, fuera, se afinan como un alfabeto en una lengua extraña con la que se podría haber escrito, sobre un mantel, cualquier cosa. Y piensas que es sencillo hundirse, y piensas en dejarte, en renunciar, y piensas ¿renunciar a qué? y te acuerdas, un momento, de sus piernas de papel y las amas como si fueran la cola de una sirena y te dice el poeta que mientras mayor es la belleza más grande es la mancha (y que no te ahogas, que sólo te están manchando) Y el cristal se empaña. Y crees, lo crees firmemente, que ese animal que se agita no eres tú, es otro, inventado por amores viejos y oyes, entre eructos de peces, las excusas de los vivos y descubres, sólo, tú solo, que las lágrimas están hechas de agua de mar.

viernes, 13 de julio de 2012

Pavesas: Deseo de ser horda. Los mineros



13 Julio de 2012, ahora que me he servido mi pie derecho para comer. 

Son vísperas y en lugar de oír el rezo o al muecín clamando desde el minarete una señora se abraza a un joven y apunta: “Todos somos mineros”. Y yo que veo las imágenes de los mineros entrando, en columna, en Madrid y que siento una infinita nostalgia de la horda (esa que la izquierda siempre quiso olvidar y que el fascismo convierte en comuna nacional) y de las orgías y de un cuerpo que traspase mi cuerpo para ser, no pan de hostias (algo con lo que ya ni siquiera honrarán, porra en mano, a los mineros), sino piel, músculos y huevos de la horda. Y yo que me abrazaría con vosotros, chicos y chicas, padres, esposas y muertos, y que me pondría, como vosotros, una lucecita en la frente y que cantaría canciones de horda y que rezaría con vosotros, señora, ahora que son vísperas, para que os preserven el derecho a seguir teniendo una vida miserable y que me otorguen a mí, padre por qué me has abandonado, el de ser algo. Y yo, que más que otro narcisista al que han convencido los de la hiperpolítica, que quería tener, como vosotros, las suelas desgastadas y un rictus de cansancio (y no de hastío) y un casco (vuestro hábito, vuestra identidad, la bandera de la horda) escrito con mi nombre (mi nombre, señora, es el de un cuerpo entregado a la horda) y sujetado, encima de las cejas, por un motivo (qué lejos quedaron los motivos y qué cerca las justificaciones)
Todos somos mineros” y yo que sí, señora, que a usted también la besaría y cogería a su criatura en brazos y le daría, si me quedara leche en los pechos, de mamar y despuntaría el pico en la testa de esos que van a hacer de la orgía, política, y haría de los intelectuales que callan y opositan, el chivo que descuartizar, por nosotros, por la horda, ahora, en nuestra comunión.    
Y que me gustaría, señora, escribir esto a lápiz para que fuera el carbón el que hablase y no lenguaje auto elegiaco (el lenguaje siempre es una auto alabanza, si no me cree, lea, señora, una carta de amor) y que soy, mamá, un imbécil que no puede ni siquiera, abrazarme como Nietzsche a un burro, “pero qué bien se insulta éste, aunque no parece un minero”, y yo que le diría que sí, señora, que soy minero, mucho más que el de la copla, que mi cielo es una mina (sin vetas doradas) y que por favor me dejen un sitito, puedo cantar, coser, ondear banderas y hacer discursos que parezcan reales, entre los que son bárbaros, que antes que bárbaros, ellos, al menos, son.  
Y yo que creo, por un momento, que van a liberar Madrid y que luego su bendita horda liberará Barcelona y la City y Beaumont sur Mer y finalmente mi casa y luego a mí. 
Y el joven con camiseta de Custo que replica: “todos somos mineros”, y a mí que ya se me cae una lágrima y que pienso que sí, que la camiseta es horrorosa, y que quizá esta vez sí, esta vez viene la horda a engullirme y a escupir, por entre los dientes, mi aislada individuación y que ellos serán yo y que yo seré ellos, y a usted, señora, comérmela con apetito, sin necesidad de ficciones amorosas, y el llanto que se me acentúa y de mi polifonía interior (esa que me vuelve loco) aparece el lúcido y me sopla al oído; No, amigo, ni ellos, ni tú, ni yo somos mineros, somos jilgueros empleados para morir con el gas grisú.


jueves, 2 de febrero de 2012

Pavesas: un besugo no se hunde (salvo si está muerto, sin metáforas)


19 lleva Enero del año de 2012 y yo que creo, o al menos eso creo, que son muchos lamentos ya y que harían falta, al menos eso creo, todos los dedos de las manos de un ciempiés para contarlos. Charlo en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre el símbolo artístico. 
Y hablamos y hablamos y nos decimos que somos entidades creadoras, nuestra conciencia, que necesitan construir una identidad, la del yo que, como el viejo dios hindú, crea el mundo sólo con pensarlo, el mismo mundo que, a su vez, crea ese yo. Un proceso de amor infinito; yo te creo a ti y tú me creas a mí. Mientras dure el pacto estaremos vivos. Y nos besamos, mi realidad y la realidad del mí, con puntadas que tejen la sábana que nos cubre. Esa aguja que pincha es el símbolo y el hilo es la correspondencia. Y hablamos y hablamos, y yo que espero que no te gires y tú, mientras te giras, “¿Cómo pude volver la mirada, amor?”, y hablamos y hablamos y luego, con una maleta que no es mía sino ya una correspondencia, vuelvo a casa.
A la gatita le pusimos por nombre Mademoiselle Marché aux puces, aunque la solíamos llamar Manenette.
Hay un barco que se hunde. Cinco mil (páguese #5.000# al portador) pasajeros. Encallado en las rocas costeras como si formara parte de una actividad programada (cruceros de placer) el coger mejillones desde el camarote. Y hay un capitán, que no se hunde. Y todos, y yo, buscamos un símbolo que de significado a estos signos (barco, inútil y hundimiento) y que siga creando el mundo y al que lo crea.
Y construimos, a golpe de pelvis y jaculatorias, la metáfora (el símbolo y la correspondencia) hasta que aparece una; el advenimiento de un mediocre. Un tipo simpático, que trepa, trepa y no se hunde, que cuenta chistes con soltura, “charmant, my dear”, descarado, aunque guapito de cara, que sabe qué vivo beber, un poquito canalla (siempre que eso no manche), capaz de bailar un agarrao con buena cintura, “cheek to cheek”, con las dos manos en el culo, atrevido, “me encantas, cheri”, lo justo para no jugarse nada, con labia y una lengua de chulapillo que repta por el entendimiento de otros mediocres que creen creer que él no, y ellos tampoco, son tan mediocres. Un tipo listo, pero mediocre, al que los de su estirpe le dan un barquito para que lo hunda, pero él no se moje. Un mediocre. Dos mediocres, tres mediocres y un barco blanco.
Era pulgosa, al menos así vino, por eso lo del Marché aux puces. 
La metáfora del barquito, la del inútil al que le espera su puesto de responsabilidad, en la torre de mando, para que la media ponderada se pregunte, al menos eso creo, ¿cómo este inútil nos gobierna?, mientras añora, la media, ser tan inútil como él y levantarse los sábados, entre copas y medallas, pivones, trofeos, de quince cuartas y tres agujeros agujereados, y saber levantar el brindis, y poder, desde la aceptación de su inutilidad, hundir un barquito (abrirle en el casco la boca, el ano y la vagina para que circule por ellos su agua que engendra el mundo mediocre de un mediocre)
Y si uno algo entiende de la sodomía de la conciencia, que enviste con pollas de metáfora, es que no podrá renunciar a ella y hablamos y hablamos y enterramos a la gatita en el jardín, y  a veces, cuando sopla el viento del sur y aparecen mariposas de su color, me acerco a su cama y le cuento metáforas que ella, en silencio, escucha.
Y hoy, que no he escarbado bajo tu falta por miedo a encontrar otra metáfora, pienso que hablamos y hablamos, y pienso, al menos eso pienso, que hablamos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Pavesas: El vertedero

2011, otoño, y que gracias al dios capital y a la obsolescencia planificada (y a la percibida) y a los que malbarataron el hedonismo (convirtiéndolo en una compresa desechable) y a los que nos mienten en nombre de la verdad (que les protege y les hace verdaderos sólo porque tienen el poder), resulta que de los bienes de consumo adquiridos sólo nos quedará en casa, a los seis meses, el uno por ciento de ellos y que generamos dos kilos y medio de basura al día y producimos, y esto es lo que peor huele, seiscientos setenta y tres millones de imbéciles por minuto y que sólo Bach y las irrumatio nos podrán perfumar los pies.

Antes de ayer en un centro comercial de alimentación. Una explanada colindante con los lugares de aparcamiento señalizados y una capacidad aproximada de cincuenta vehículos. Apenas cuatro aparcados.

Termino las compras; comida precocinada, cuatro yogures, jamón de York envasado, dos fletán (tipo de pescado parecido al lenguado que normalmente está muerto cuando lo congelan) congelados, dos manzanas, una barra de pan, una gaseosa, paquete de seis rollos de papel higiénico, dos como coñohapodidosubirestootravez, un brick de leche, bollería de desayuno (en envases de a seis), zanahorias (un paquete para el caballo), tres latas de atún, un paquete de menestra de verduras y un “padre, ¿por qué me has abandonado?”
Salgo con el coche y un vehículo de esos, de los del chiste de la fragoneta y el gonovolumen, bloquea la salida del aparcamiento. Junto a la puerta del carromato dos féminas que no sumarán (ni saliéndole bien las cuentas) cuarenta, charlan amigablemente, mientras tres chiquillos zarandean los carritos de la compra, mientras sube el pan, mientras en el fragovolumen y en la gononeta ya no cabe nada más.
Bajo la ventanilla y en un correcto giro proposicional le sugiero a la que tiene las llaves en la mano; “Querida, tienes el aparcamiento vacío, ¿por qué no aparcas en otro sitio?
Yo aparco donde me sale del coño”, me responde la criaturita que si así tiene la boca habría que verle la Tena Lady (de oferta a tres paquetes por el precio de dos en el súper y de regalo una de alas anchas, como los ángeles, para recogerlo todo en el cielo) 
Y pienso en sus preceptores, desde su reputísima madre a doña Belén Esteban, y pienso en lo que será la ignorancia de este animalito en las bellas artes del fornicio y pienso, al verla, que el excremento tiene sitio en la vida (de la digestión doliente de una vaca florecen lirios) Pero aunque acepto los restos pestilentes que hacen de lo podrido la promesa del sentido, pienso, también pienso, que una cosa es asumir la realidad de la mierda y otra vivir en un estercolero. 
“¿Por qué te preocupas por esas cosas, Dante?”, me pregunta Beatriz, que tuvo a bien, frente a los ojos de perra de mi amada Valérie, la infinita, hacerme una antológica “irrumatio” (nótese que no digo “mamada”, ni siquiera felación, pues para los latinos “felar” era lamer sin ganas, chupar como por obligación, algo de putas sin oficio) “¿Y por qué lo seguimos llamando felación?”, vuelve a preguntarme Beatriz  (si Virgilio me mostró los infiernos, bien pudiera Beatriz mostrarme el cielo), porque los dueños del motivo, dados a condenar a las putas tras irse de ellas y a legitimar su pureza en nombre de la corrección lingüística a golpe de machete santificado (de venta en el súper, en el estante junto a los paquetes de jabón el lagarto), creyeron, querida, que había que despreciar con el lenguaje (con el entendimiento) lo que acabas de ofrecerme.
Y vuelvo a pensar en lo que le saldrá del coño a la que aparca donde quiere y me cisco (por contribuir a la causa) en los que hicieron de ella un vómito más, depositado, cuidadosamente, meticulosamente, en este vertedero. Y recuerdo tu lengua de mariposa, Beatriz, y la perra mirada de Valérie sacándome, como levantan al cielo a las vírgenes de palo, de esta grande, muy grande, inmundicia que nos han hecho creer que es la verdad.

Me queda algo de la bollería del desayuno y un par de rollos de papel higiénico, ¿puedo ofrecerte algo?

viernes, 17 de junio de 2011

Pavesas: epílogo a Alberto (a la obra de Alberto, bueno, a una obra de Alberto)

"El patio de mi casa"
fotografía 
2010


2011, año de publicación y yo que pienso que ya llevo, por aquí, unos años. Epílogo al libro de Alberto Tugues "Cancionero de prisión".

TRAGEDIA (O COMEDIA) EN 97 LÍNEAS (MÁS O MENOS) CON TEORÍA, PLANCHADORA Y LUCIÉRNAGA

Un hombre de pie. Labios maquillados y cara empolvada.
— Sí, señora, la teoría poético científica sobre el amor que me hubiera dado fama mundial, sí, como lo oye —
Guarda silencio. Saca del bolsillo trasero del pantalón una imagen. La desdobla y la observa.
— Naturalmente que tiene usted una hija guapísima, pero déjeme decirle, con hondo pesar, que las fotos también se mueren —
Da tres pasos hacia la derecha y murmura para sus adentros
— Hasta aquí. Más allá no hay nada —
Eleva los ojos hacia arriba intentando recordar
— Se basaba en fundamentos metalógicos/lingüísticos tendentes a la demostración i-n-a-p-e-l-a-b-l-e de la ironía como contraposición trágica entre lo mundano y lo trascendental —
Vuelve a guardar silencio para retomar la palabra con más énfasis
—Sí, sí, fama mundial, créame si le digo que no le exagero —
Continúa, enfatizando el gesto
— Naturalmente que se preguntará que qué tiene que ver la ironía con el amor…
Pues mucho señora mía, muchísimo me atrevería a decir, aunque lejos de mí está el resultarle hiperbólico —
Se rasca la sien derecha.
—Ahora soy cantante —
Aclara ligeramente la garganta, endurece el gesto y comienza torpemente a marcar el ritmo levantando la pierna derecha y golpeando con el pie plano en el suelo. Continúa hablando sin dejar de marcar el ritmo.
 — Ese descubrimiento mío se consideró por el altísimo tribunal de la Academia de las Artes Francesas, ¿ha visto usted alguna vez una luciérnaga?, y por el mismísimo Rey Dagoberto, el que lleva los calzones al revés, como un asesinato. Sí, sí, me oye usted bien, como un asesinato. La sentencia fue firme: fui confinado de por vida a la lucidez — 
Enfatiza esto último. Mira con aire melancólico alrededor suyo y detiene el movimiento de su pierna
— Fama mundial, no le exagero…pero ya ve usted, los franceses me detestan — Extiende su mano derecha y simula dar la mano.
           — Yo la llamaría suegra, si me permitiera la confianza, y hasta la besaría…lo entiendo…Naturalmente que para mí ha sido también un placer —

Se sienta en el suelo, saca un pañuelo del bolsillo derecho de su pantalón y se frota los labios hasta quitarse el maquillaje. Suspira. Vuelve a ponerse torpemente en pie y da tres pasos hacia la derecha. Se detiene y musita  — Hasta aquí. Aquí se acaba todo — Vuelve sobre sus pasos hasta el punto de partida y retoma el movimiento de su pierna para marcar el ritmo. Intenta entonar con gesto grave — Y lloro sin que tú sepas que el llanto mío, tiene lágrimas negras cooooomo mi viiiia —
Se detiene creyendo oír algo. Saca de su bolsillo izquierdo el pintalabios y se retoca rápidamente los labios.

— No tengo ningún inconveniente en despejarle la duda, caballero —
Da tres pasos hacia el frente como siguiendo a alguien. Levanta el brazo en señal de parada.
— Si no le importa, mejor nos detenemos… más allá, créame, todo se acaba —
Se inclina ligeramente hacia delante.
— Bien, se preguntaba usted el por qué la ironía finiquita ese estado trascendente que llamamos amor —
Dibuja con el dedo, en el aire, una letra.
— Téngase… (las formulaciones, créame que algo de esto sé, siempre empiezan mejor por un “téngase”) Téngase un punto, que podríamos llamar A, en el que alojaríamos lo trascendente…. (sí lo sé es difícil alojar algo en una letra, pero si bien lo mira verá que el amor siempre lo alojamos en cuatro) y en otro punto equidistante (equidistante de qué me pregunto…no sé…pero creo recordar que utilizaba el término “equidistante”…. bien digamos de A y de Usted) que daríamos en llamar B (llamarlo M complicaría inútilmente las cosas) en el que alojamos una ventosidad (un aire intestinal, una flatulencia, un pedo… aquí viene el tremendo ingenio de la versatilidad lingüística en mi teoría) hasta formar una línea perfecta que iría de A hasta B… Pero, por favor caballero, no se vaya, si ahora viene lo mejor.
Sube el tono de voz como si estuviera hablando en la distancia
— Imagínese, y eso es algo que siempre sucede, que la vida, las circunstancias, el orden o como lo quiera usted llamar (dúctil el método semántico ¿no?) dobla esa línea que hemos formado hasta hacer converger los dos puntos A y B en un mismo punto que daríamos en llamar C ¿Qué contendría este punto C? ¿Flatulencias o trascendencias?... Ja…Nada de eso amigo, nada de eso.
Sube más la voz y se ayuda de la palma de su mano, colocada abierta junto a la boca, para proyectarla la voz
— ¡Contendría ironía! ¿Lo ve? …por Dios, dígame que lo ve. Así pues usted, caballero enamorado, hace que su amor busque la trascendencia en A y cuando mira ve el punto C y se encuentra la ironía. La ironía que no deja alojarse al amor ¿Lo entiende? …por Dios, dígame que lo entiende…No hay sitio para el amor en C cuando ya está ocupado por la ironía… ¿Irónico, no?
Baja la voz, inclina apesadumbrado la cabeza y murmura para sus adentros
— La teoría poético científica sobre el amor que me hubiera dado fama mundial… No me extraña que mente usted a mi madre, que era planchadora en la caserna de artillería de Punta Umbría hasta que le pudo la artritis, le entiendo; yo de usted hubiera hecho lo mismo si alguien me revelara ese hondo secreto —
Sigue musitando
— Una teoría poético científica extraordinaria de la que le seguiría hablando con mucho gusto durante horas… Si la recordara, pero no me acuerdo. No me acuerdo —

Vuelve a sacar el pañuelo de su bolsillo y se quita el lápiz de labios. Retoma el golpeteo con el pie plano en el suelo intentando marcar el ritmo —…negras cooomo mi viiiia—
Detiene el cante. Se rasca la sien.
— Mi teoría…La dejé escrita en tres tomos. Eran tres tomos preciosos…si los girondinos, que siempre me observan, no los borraron deberían estar… hacia allí —
Señala atrás. Da tres pasos decididos y se detiene. Hace un gesto de resignación. Murmura — Hasta aquí. Más allá no hay nada —
Se palpa los bolsillos. Murmura
— Ahora soy cantante —
Vuelve a sacar del bolsillo de atrás de su pantalón la imagen. La desdobla y la observa.
— Las francesas son así… llevan Chanel número 5, que dicen que es un perfume…pero en realidad es un insecticida que mata las luciérnagas… Bichos irónicos por excelencia —




Jorge de los Santos
En Valérie a 2 de Junio de 2010


martes, 8 de marzo de 2011

pavesas: Ícaro

1992 y el rayo, querido Miguel, que no cesa

De acercarse directamente al Sol bien poco nos puede contar Ícaro, quizá por no preveer que del astro rey sólo pueden saborearse sus efectos, que sólo es un recuerdo de estaciones, de afectos cíclicos, quizá porque el talento científico del inventor desconocía la poética del vuelo, y sin duda porque si bien el trayecto quemó su motricidad, también heló su lengua (los muertos sólo cuentan su historia cuando desaparece el Sol)
 

viernes, 25 de febrero de 2011

Pavesas: manos de escayola para santos


2011, al poco de empezar
Es un privilegio y un honor y también me llena de honda satisfacción, el comprobar que bajo la búsqueda "mano de escayola para santos", éste blog se sitúa entre las primeras respuestas. Los caminos del Señor son inescrutables y aunque sus renglones tuerzan (o carguen) a la izquierda, su palabra es recta como un almidonado cimbrel. ¿Que qué tengo yo que ver con las manos, la escayola y la hagiografía? Algo, sin duda, cuando la Divina Providencia de Google así lo determina, pero no se me acaba de ocurrir sometido, como estoy, a las limitaciones racionales de todo mortal  y por ser de natural la voluntad de Dios y su Santa Madre incognoscible a los de mi especie.
No veo las ventajas, Madre del Divino Socorro; si ya es difícil para un santo masturbarse, más debe resultar hacerlo con una mano de escayola, y ¿cómo leerle el "fatum", a la mano de escayola de un santo? bueno, tal vez al ser santo ya el que antaño fuera varón, escribió su destino.
En casa de mis padres existía, eso lo recuerdo bien, "niña, no le pases el plumero al San José que lo vas a descascarillar", una talla en escayola policromada casi a tamaño natural que tenía, al haber sido bendecido por algún obispo en plena facultades mentales, indulgencia plenaria para tres generaciones. Dicho favor, que sus buenos reales de vellón y quizá alguna prueba de virtud, "niña, no te dejes dar mordisquitos, que luego todo se sabe", debió costarle a mi beata tatarabuela, agotó su plenipotenciaria presencia con mis abuelos. Quizá por eso, mi padre, cuando tenía a bien recibir en casa gente de más alta alcurnia intelectual o económica, tenía por hereje costumbre la de desprender la mano del santo, la derecha, concretamente, la misma que alargaba San José en paternal gesto buscando la manita del Niño de la Bola (hoy en día desaparecido del conjunto escultórico y que posiblemente está tocando las pelotas en el templo) y que se engarzaba en el brazo del carpintero, "niña, que luego las manos van al pan", por un vástago de unos diez centímetros. Ocultando, mi padre, su auténtica mano bajo la manga de la camisa se colocaba el celestial apéndice como si fuera una prótesis de la suya. Así era que cuando el vistante al poco de entrar se la estrechaba en gesto de cordialidad, él la desprendía repentinamente, quedando el visitante con la mano de escayola pintada entre la suya.
Una vez, un célebre catedrático de estética, "niña, ponte las enaguas de raso que hay convite", de esos que creen que la luz empieza y acaba en ellos, nos visitó en compañía de su bella doncella (una mocita dócil y siempre bien dispuesta con su insigne prócer, que le pelaba las manzanas y le saciaba, en los ratos de ocio, el escaso apetito) Así fue que mi padre, repitió el gesto, y tras levantar su brazo en señal de cercanía, al poco de entrar, le ofreció la mano. Cuando el "ego sum lux mundi" (en versión pila de a voltio y medio) quedó con la falsa mano entre la suya, enmudeció blanquecino (cual nacarado Moisés), mientras su devota oficiante soltaba un discreto alarido de horror.
Aquella noche, el cátedra tartamudeó más de lo frecuente y perdimos, entre trozitos de manzana y miradas de consuelo, la ocasión de conocer la esencia última de Goethe, "niña, deja de joder con la cancioncilla", y la verdadera intención vital, reservada a los iniciados, del joven Werther.
"Le he ganado por la mano, ¿no crees, hijo?", me comentó mi padre cuando se fue.
Letra de fado.







 


La mano de Dios. La "dextera", que contrariamente a la otra, "la siniestra", es augurio de fortuna. Y parece que no, que fuera del circulito no llueve... 

viernes, 11 de febrero de 2011

Pavesas: la divina proporción

"Dejeuner (et pissée) dans l'herbe"
Foto: Luba


















2006 al atardecer.
¿Cuál puede ser la más razonable relación que guarden dos segmentos entre sí?
Euclides el alejandrino (pongámonos a suponer que existió) dió forma a la razón de las formas. En el principio del logos fue la geometría, las formas sometidas a nuestra naturaleza racional, luego vino lo demás, las demás ficciones (la poesía, la historia, la música, la épica, la religión...) que nos consuelan con la condición de creer que la realidad es razonable, que el mundo se asemeja siempre a algún patrón dialectico que se genera por variables de causa efecto; que un árbol, la finitud, una guerra, o el tiempo encajan en un marco contrachapado en la materia de lo lógico. Lo que sea con tal de evitar el caos y su primo segundo el azar (rezar por evitar la empanada mental de Dios, su tasa de alcoholemia superior al 0'3... cualquiera, por mucho tricornio, le retira el carné) Si en lugar de razón estuviéramos provistos de verde, hasta el aliento sería verdoso.
Euclides dictamina; la voz de Dios mide 1'618 (esa es, fraile Pacioli dixit, la divina proporción con la que Dios dibuja sus creaciones) El cosmos, morada y pensamiento de Dios, preserva en sus proporciones esa voz (Kepler) El hombre, imagen y semejanza de Dios (Leonardo) las cumple y la arquitectura, imagen y semejanza del hombre, la sostiene (Vitruvio)
Pero resulta que una meada esta sometida a la mecánica de fluidos y a la segunda ley de la termodinámica y su consiguiente entropía; una meada es un proceso imprevisible, turbulento, caótico.
Si incómodos son los líquidos, peor es que en medio de una proporción perversa, de féminas más altas que arquitecturas, una hembra se mee en la plaza pública.
Eso, llama al orden (y le da, formalmente, el coñazo)

miércoles, 26 de enero de 2011

Pavesas: "La canción fría"

2011.
Ella escribe recostada en la cama.
Entro para saludarle la mañana. No levanta la vista. Desgrano del inglés la letra de lo que está escuchando y pienso que a lo mejor siente frío y sé que sin duda siento frío. Quizá abrazarla, quizá volver a cerrar la puerta y dejar que sea Purcell quien le siga saludando la mañana o que lo haga el frío. Veo sus manos, noto el hielo y oigo la letra.

Qué poder tiene el arte que desde abajo
me hace ascender a regañadientes y lento
desde las camas hasta la nieve eterna

(...)

Puedo apenas moverme
o dibujar mi aliento
Puedo apenas moverme
o dibujar mi aliento


Permítame, permítame
Permítame, permítame
Congelar de nuevo...
Permítame, permítame
Congelar de nuevo hasta la muerte.











"The cold song" from "King Arthur" by Henry Purcell performed by Klaus Nomi


Y ella que escribe recostada en la cama y yo que cierro la puerta y el contratenor que canta y yo que cierro la puerta.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Pavesas: Les mains pleurent

3 de Febrero de 2005



Mes mains pleurent
Pour sècher ton visage
avec elles

Cuando la esperanza no ha nacido.
Entre olores de niños.
O cuando ya la has matado.
De vieja.
Amor.
Regresas de las voces blancas.

Blessé de pour vie


Perdido en lo que llevas puesto. Travestido.
Sonrójame.
Hazme lo que no te atreves a ser.
Aúlla.
Avergüénzame de lo que escondes.
Hazme irrecuperable.
Mientras escupes deseo, ensalivando de rojo el bulto.
Hundiéndome a empujones en ti.
Entre banderas rotas.
Hazme probable.

Desormais.
À la ligne mince
de ta taille

La existencia construida en lo irreparable.

Brûlé.



Ahora que estoy más vivo que vivo.

A ti.
A tu confederación de almas.


Jorge
En Valérie madrugada del tres.

martes, 7 de diciembre de 2010

Pavesas: Haiku

Fue al poco de morir mi padre.
Sucedió que aquella noche, en el sueño, habité un haiku.
Tumbado sobre un camastro duro, bajo una cabaña de palo, supe de la presencia de mi padre. El peso de su alma, al andar, rompía la fina capa de hielo que me envolvía. Me mantuve inmóvil, tumbado dentro del chamizo. No sentía frío.
Al despertar me quedaban en la memoria unas palabras:

Rompe el hielo
El peso de mi padre

Cinco y siete.
El tercer verso, si bien sé que existió, nunca logré recordarlo,
pero aprendi que un haiku no se escribe, sino que se vive, igual que la muerte sólo la viven los otros.

¿verdad, Fede?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Pavesas: rendezvous en Chequia. Octubre de 2005

O de como conté, a su manera (tú, lo contaste en "El otro lado del sexo") lo que sucedió en ese gran teatro del otro mundo, cuando visité un castillo donde las mujeres retorcían, ménades libertinas a sueldo, a hombres vestidos de Judy Garland que hacían de caballos cojos, trocados a cambio de un reino, que no podían andar, de puro extraños, por las aceras y donde la sonrisa de un gato, como al otro lado del espejo, le contestó; "Disculpe, Señora, pero no soy un gato, soy un tigre" y donde, si Alicia Liddell hubiera estado allí, habría pagado un "dom" para ser la reina de corazones.

¿Un tanto absurdo, amor? sí, naturalmente.














Se quebró el cántaro. Goya

Un checo que no habla checo.
Incomprensible, hasta para el editor que corrija esto.

Galletas de marihuana. Entre monos. Muy mala leche. Titis, eso creo. Algo que nunca existió bajo un tocadiscos que nunca estuvo ahí. Peluquines.
Mañana otro mundo. Hoy el de siempre. Excéntricamente retocado.

Despertar duro. He notado que algo se rompía, o quizá sólo se estuviera recomponiendo. La veo a mi lado. Exenta. Firme. Dormida. Tratando con la condición humana muy en serio. Como siempre. Muy en serio.
De niño solía acercarme a mi padre y llevar la mano extendida en forma de visera desde mi cabeza hasta la suya. Me media. Tomaba mi medida en él. Sonreía. “Hijo mío”, decía, “yo siempre te llevaré esto”. Señalaba el tamaño de su frente.  Murió de mañana llevándome esto. Diez centímetros. Apenas diez centímetros. El tamaño de una frente.
Vuelvo a ponerme de puntillas. Vuelvo al límite para seguir intentando hacer crecer el tamaño de mi frente. Con ella. Crecer.
Le perdí el miedo al miedo.

Mañana de tráfico, aeropuerto, tres maletas, una azafata checa y dos vasos de cristales rotos en el canal sanguíneo.

En el taxi una tapicería de cebra que muerde. Literalmente.

Firma de descargo. Finisterre. A partir de ahora nadie se responsabiliza de lo que suceda. Ni yo mismo. “Por la presente afirmo que yo, el abajo firmante, mayor de edad y enamorado, declara estar capacitado para descargarse de cualquier capacitación”. Collar. Candado. La miro. Mientras me veo.

Epicteto. En el bolsillo.

Fellini  y Visconti juntos sobre la hierba. Carrera de trotones. Charman. Trés charman. Mientras aguanto en las palmas de mi mano la copa de vino blanco de mi dómina. De la dueña de mi “domus”. El cuerpo de mi hogar. Los belfos resoplando, los de aquel caballo con cara de sueco bien nutrido. Le queda bien el collar. Mejor que a mí. Aplausos sordos y elegantes del inglés vestido de Judy Garland. Antes de perder la virginidad. Antes de ser niña.
Manet pintando su “Dejeuner sur l’herbe”. Junto a trotones pardos.

Noche de subasta.
Impresiona. Traje de Dolce y Gabana negro. Foulard oscuro resbalando sobre sus hombros. Botas altas hasta la rodilla. Del pellejo oscuro de aquellos desgraciados que no se atreven a mirarla. Fusta bajo el brazo. Valérie impresiona.
Monty en revista de tropas. Paso firme. Gesto de complicidad con la soldadesca. Con los que van a morir por él ésta noche. Todas las noches. Los generales de la legión romana solían tirar de las orejas, durante la revista  a los valiente que se habían destacado en combate. Nadie sabe por qué. Ella, se limita a golpear suavemente con la punta del azote el escroto del mameluco. Yo sé por qué.


El tigre verde. Tengo un hermanito. Un tigre. Mamá lo pasea mientras el inglés al que tintinean los testículos la sigue declamando a Shakespeare:

O for a Muse of fire, that would ascend
The brightest heaven of invention,
A kingdom for a stage, princes to act
And monarchs to behold the swelling scene!
Then should the warlike Harry, like himself,

Un bebedero de agua a mis pies.

Assume the port of Mars; and at his heels,
Leash’d in like hounds, should famine, sword and fire
Crouch for employment. But pardon, and gentles all,
The flat unraised spirits that have dared
On this unworthy scaffold to bring forth

Mi mamá es la más guapa del mundo.

So great an object: can this cockpit hold
The vasty fields of France? or may we cram
Within this wooden O the very casques
That did affright the air at Agincourt?

Todas admiran a mi mamá. Yo amo a mi mamá.

-“And the beer is for the tiger, ¿Isn’t it Madam?”
Alaridos.
De entre los vivos.

Sin excentricidades. Sólo distinto. Sólo distinta.
Me llevo la cabeza de todos con ella. Ella los contiene a todos. Dejo agua clara.
Conserva la llave del candado. Sobre el asa de su bolso marrón.

Tapicería de cebra puta con sinusitis. Trotando por la sabana.
Entre los cuados, al margen del Gran.



Aristóteles trotando con su esposa Phillias por las verdes praderas

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Pavesas: carta a ella. Día 4 de junio de 2006


Sábado 4. Máxima en Barcelona de 31 grados.

Cauchemar

Beaux rêves

"La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de vuestra hermosura" pone Cervantes en lectura de Alonso Quijano (que no era nadie hasta que se volvió loco).

Esta noche te quiero entre el retruécano, el pavor y la música del círculo.

3'1415

He ido a Barcelona, mi amor. En un tren vacío.
He vuelto de Barcelona, mi amor. En un tren vacío.

Volvíamos de tarde. Aguardando la luz del día. Conducía con una mano o con tres. Nunca con dos. No sabía si debía. Me mirabas sonriente. Íbamos a recoger algo al piso, antes de regresar por primera vez a casa. Mi tercera mano acariciaba con el pulgar la derecha. Suavemente. De abajo arriba y de arriba abajo. Aquella noche llovería. Poco antes del alba. Pero no lo sabíamos. Gotas como acordes. Como la trama del Orden. No sabía si debía. Creo que fue la primera vez que te hablé en tu idioma. Era antes de que te convirtieras en el lenguaje de mi alma. Un momento antes.

- "Çà doit être bizarre"
 - "Quoi?". Preguntaste.
 - "Cela d'être si follement aimée"

Me encendiste el pitillo con la llama de tu gesto. Volvíamos juntos. Como ahora.

Tengo poca voz.

Me siento en un banco. Esperando recuperar mi simetría. Por no esperar en el andén. Dos pavas entradas en años y kilos comentan lo maravilloso de recitar "chakras". Sonrío. Creo que es la primera del día. Creo que es la última del día.

Noche de reyes. Como de niño.

Cuando ya te esperaba como presente. ¿Quién quería un muñeco articulado, unas botas de fútbol o un camión de bomberos?. Yo no. Yo sólo quería dormir a tu lado. En la butaca de un cine de sesión doble.

Samia se encuentra en pleno viaje astral. Lo lamento, pero es cierto.

La próxima vez, que me anestesien. Entero. O que me den de desayuno. A las gallinas pardas.

Praga. Brno.

Tu sonido.

Yo también te quiero.









Personajes de la instalación "Valerie o la balada de los seres ululantes"