Otoño 2014
Pienso, hijo mío, al menos eso pienso, que si los pitagóricos sostenían
que no podíamos oír la música del universo por estar acostumbrados a
ella, fue Beckett el que sostuvo, creyendo ver a lo lejos a Godot, que
"el aire está lleno de nuestros gritos, pero la costumbre ensordece".
Si ves que te estás acostumbrando, hijo mío, prueba a soplarte el oído.
Bitácora, notas, poluciones, rastros y errores de Jorge de los Santos
Mostrando entradas con la etiqueta obra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta obra. Mostrar todas las entradas
jueves, 16 de octubre de 2014
jueves, 26 de junio de 2014
Obra: "Luisito"
jueves, 17 de abril de 2014
Obra: "Valérie, mon amour XIII"
"Mientras mayor es la belleza, más profunda es la mancha" (Georges Bataille)
¿Qué mancha?... pues esa, querida, esa.
¿Qué mancha?... pues esa, querida, esa.
sábado, 25 de enero de 2014
Obra: "Valérie, mon amour X"
3 de Enero de 2014 y como del rayo, Miguel, la retraté.
"Surgiendo de un azul descompuesto aparecía la pálida figura
de mi hermana
y su boca sangrienta hablaba así: pincha, oscura espina" G. Trakl
martes, 6 de marzo de 2012
Obra: "l'absent"
"L'absent"
detalle
200 x 200 x 15 cmts
2004
2004 y ayer, que ya era 2012, me acordé de ti.
Andábamos al alba, como siempre de puntillas y a pies descalzos, cuando llamaste, María, y me pediste que te hablara del agua. El agua, lo que siendo no se opone, y yo, que cantando nanas afino poco, hice lo que puede. Y me acordé, al oírte, María, del ausente y del cocinero japonés aquél al que, tras años de esfuerzo y dedicación, le dieron la estrella Michelín y que a la mañana siguiente, subió despacio hasta el ático del inmueble donde vivía y se arrojó al vacío. Pero, ¿sabes María?, el japonés sobrevivió y cuando alguien le preguntó por qué quitarse la vida tras su éxito, cuentan que él respondió: “porque no tenía a quién contárselo”.
Y yo María, que sé, como tú, lo que es el miedo e intento saber, como tú, lo que es el agua, prometí aprenderme todas las nanas y derramártelas, y que esa noche tú fueras quien me oyera para que esa noche fuera yo quien te oyera. Y yo, María, que soy el ausente por estar ella ausente, y que, como tú, ando a tientas acariciando a ése al que contárselo y tiemblo, como las cuerdas de tripa, cuando las cortan, si no lo encuentro.
Y ahora, que andamos al alba, como siempre de puntillas, espero que llames y me acuerdo, María, llena eres de gracia, de lo que quise decirte ayer, cuando todavía era, dentro de tu vientre, el 2004.
domingo, 1 de enero de 2012
Obra: "de la tempestad"
"de la tempestad"
detalle
200 x 200 x 10 cmts
2003
Colección del autor
"Il faut que l'herbe pousse et que les enfants meurent"
Victor Hugo
2003 y, sin saberlo, se va a producir la tempestad.
Si Dios o el Diablo o tan siquiera nadie me ofreciera la posibilidad de tomar un vino con un muerto, no elegiría a Buda, ni a Shakespeare ni a Ulises, ni al mismísimo Jesús, el nazareno, no, si tuviera media hora hasta el alba y dos copas de vino, las apuraría con mi padre.
Eso me enseñó, sin yo antes saberlo, la lluvia.
2003 y, sin saberlo, se va a producir la tempestad.
miércoles, 22 de junio de 2011
Obra: "el balcón"
"El balcón"
50 x 50 x 15 cmts
2004
Colección F. Monis
2004. No más pliegues.
La metafísica del roce. Debo profundizar en la hipótesis hedonisto mística de la metafísica del roce. Una teoría que, sin duda, ésta sí, y no la del pliegue, me dará fama mundial. Un verdadero sistema teológico y ontológico que haga de nuestra existencia la acción placentera de contraer roces carnales, cuanto más y más variados mejor, liberado de las obligaciones al rendimiento tardo capitalista y de los adiestramientos mistico ascéticos. Sólo una obligación; amar sin construir nada. Ella aparece y se va, yo aparezco y me voy, nada se pudre porque no hay tiempo, ni razón, ni confrontación entre la llegada y la partida, en medio, el roce, y a través de él la visión esférica de la trama de la vida.
¿Es posible?, se me dirá, ¿congeniar la metafísica, esa arma de destrucción masiva que sólo se da en los estados de privación y tristeza, con el placer? Sí, responderé orgulloso, los breves estados de felicidad no interrumpirán la visión metafísica, muy al contrario serán ellos los que la procuren.
"¿Jorge, y todo eso porque te está poniendo cachondo la recepcionista del hotel?"
"Calle usted, doña Engracia, que de estas cosas de la metafísica, usted no entiende",
Formalmente, y para ilustrar en mis acciones vitales tal revelación tengo que volver a tratar las emociones, recuperar la "aisthesis" y hacer de mi obra, obras estéticas y no, como hasta ahora, acertijos sobreintelectualizados.
"Deberías comer más, Jorge..."
Amar sin construir (qué emocionante aspiración)
La metafísica del roce. Debo profundizar en la hipótesis hedonisto mística de la metafísica del roce. Una teoría que, sin duda, ésta sí, y no la del pliegue, me dará fama mundial. Un verdadero sistema teológico y ontológico que haga de nuestra existencia la acción placentera de contraer roces carnales, cuanto más y más variados mejor, liberado de las obligaciones al rendimiento tardo capitalista y de los adiestramientos mistico ascéticos. Sólo una obligación; amar sin construir nada. Ella aparece y se va, yo aparezco y me voy, nada se pudre porque no hay tiempo, ni razón, ni confrontación entre la llegada y la partida, en medio, el roce, y a través de él la visión esférica de la trama de la vida.
¿Es posible?, se me dirá, ¿congeniar la metafísica, esa arma de destrucción masiva que sólo se da en los estados de privación y tristeza, con el placer? Sí, responderé orgulloso, los breves estados de felicidad no interrumpirán la visión metafísica, muy al contrario serán ellos los que la procuren.
"¿Jorge, y todo eso porque te está poniendo cachondo la recepcionista del hotel?"
"Calle usted, doña Engracia, que de estas cosas de la metafísica, usted no entiende",
Formalmente, y para ilustrar en mis acciones vitales tal revelación tengo que volver a tratar las emociones, recuperar la "aisthesis" y hacer de mi obra, obras estéticas y no, como hasta ahora, acertijos sobreintelectualizados.
"Deberías comer más, Jorge..."
Amar sin construir (qué emocionante aspiración)
"Precisamente he hecho unas torrijas..."
El balcón, sirve para entrar y para salir, tras el roce.
"¿Con canela, doña Engracia?"
El balcón, la vagina del inmueble.
El balcón, sirve para entrar y para salir, tras el roce.
"¿Con canela, doña Engracia?"
El balcón, la vagina del inmueble.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Obra: "Valérie o la balada de los seres ululantes"
"Valérie o la balada de los seres ululantes"
Instalación de medidas variables
2005-2006
Cuentan que un día Zhuang- zhi describió el viento;
“¿Escucha! ¿No oyes el aullido del viento que sopla a lo lejos? Los árboles, en las selvas del monte, susurran, se estremecen y oscilan, y las cavidades y orificios de los imponentes árboles de cien varas de circunferencia emiten diferentes sonidos.”
Orificios y cavidades que sueñan con ser ellos mismos, pero que sólo son interpretaciones del viento. Pasos del viento. Afectos, pasiones del alma. Sí, las cavidades existen y los seres se identifican, pero nada son sin la afectación del viento. La mística sufí también conoce al viento y lo nomina. “Sarayan Al-Wuyud”. “Difusión de Existencia”.
Nada se manifiesta, aunque preexista en la vacuidad, aunque crea ingenuamente que se completa en sí mismo. Existencias que sólo el viento motiva. Pulsiones. Ira, rencor, amor, miedo, bondad, tristeza. Afecciones. Todas las mismas, las hijas del roce del viento. Todas diferentes, lecturas de la brecha, de la garganta horadada donde resuene. Pasiones.
“El mismo viento sopla sobre las diez mil cosas de diferentes maneras, haciendo que cada cavidad produzca su propio sonido, de modo que cada una imagina que lo produce ella misma. Pero, en realidad ¿qué es lo que produce los diferentes sonidos?”
Hablo de Dios. Hablo del aullido humano. Hablo de la expresión del aullido.
Una escenografía. La plaza pública. La ciudad. Unas cajas de resonancia. Las ventanas. Los seres. En medio, inasible, el viento.
Un día, conocí a un viento. Se nombró él mismo: “Hola, me llamo Valérie”. Y sopló.
Este pequeño tratado de las pasiones del alma es un homenaje a él. Una carta de amor. Por fin. Quizá al fin. Quizá en el fin.
De otra cavidad que resuena al paso de su mano. Al paso del viento.
sábado, 5 de marzo de 2011
La obra: "Figuración inestable en equilibrio"
"Figuración inestable en equilibrio"
46 x 38 cmts
1993
Colección particular
1993. El pavimento está verde y empiezan a aparecer las moscas.
No recibo muchas visitas. Dejo caer saliva sobre una posada en mi pie, pero la esquiva castamente (tampoco ellas me besan) Son moscas grandes, Scathophagas de estercolero. Nunca he sido aficionado a la entomología (yo,como los griegos, no distingo por su nombre una mosca de una avispa) pero siento una curiosa inclinación por estas moscas come mierdas. Por su apareamiento, por sus pasiones tristes, por sus amores escatológicos, por la rapidez de sus roces, por su teleología (no hay moscas en el infierno; Dante al menos no las describio y Ovidio no se paró a mirarlas) Creo que ellas, si la felicidad no les interrumpiera la inclinación metafísica, podrían elaborar una tesis ontológica digna de pintarse. A veces las oigo cantar boleros, luego, me lavo las manos.
"Là où ça sent la merde ça sent l'être", susurra el muerto de Artaud y yo, que hoy que el pavimento está verde, sólo recibo muertos y moscas, lo escucho. El ser, el ser que llora y defeca, que construye obras de arte con sus lágrimas y su mierda y las moscas, críticas agudas, que sabrían darnos significados que los metafísicos no entienden. Viene otro muerto, como un círculo concentrico; la marica de Genet . Y me narra la belleza curva de lo sórdido, la trascendencia de lo siniestro y me habla de Stiliano y de su mano cortada y su culo fuerte y redondo que nunca se abrirá para él. Lo oigo llorar como Ulises escuchó a Aquiles, que sólo entendió la belleza una vez muerto.
En la Sorbona, me acuerdo, las moscas se detenían sobre la tiza.
Y yo que hoy me pararía a charlar con ellas, si no estuviera ya parado y que les arrancaría las alas si no fuera porque tengo que lavarme las manos y que las invitaría a pasearse por mi vientre si no estuviera ya el pavimento verde.
miércoles, 23 de febrero de 2011
la obra: "Una malla no es tupida"
"Una malla no es tupida"
200 x 80 x 15 cmts
1997
Colección J. Llobet
1997 (o no, el calendario es para las alternativas)
El pliegue. No sé lo que es un pliegue. Sé que es un diseño de contención y de expansión del diablo. Un tinglado de registros y vinculaciones que me habla de la metafísica de la materia. "La semilla ya contiene el árbol", dijo Lao Tzu (si tuviera que decir cómo diría que plegado)
Deleuze me lo explicó: "Coje una servilleta y escribe en un vértice tu nombre, y en el reverso, en la esquina opuesta tu apellido". Así lo hago. "Tienes dos palabras sin vinculación aparente, ¿no?". Si. "Ahora dobla la servilleta tantas veces y de tantas maneras como haga falta hasta que tu nombre y tu apellido queden emparentados". Me esfuerzo en hacerlo éticamente bien. "Míralo, ¿Qué tienes?". No respondo. "Tienes una Asociación". Cierto: Jorge de los Santos. "Pero, ¿y formalmente?". Dudo. "Un pliegue, naturalmente".
El pliegue. Un percepto, un concepto visual de primera magnitud, que se me ha enredado en los pies desde hace años (¿qué es un año, papá?) y me oprime el diafragma y no sé si es hipo o son estertores.
El psiquiatra le dijo a Van Gogh: "cuando alguien empieza a trabajar en círculos es que está cerca de la locura" , tacharlo de loco sólo porque se había cercenado la oreja. ¿Y cuando empiezas a pintar en pliegues? Esa será la teoría plástico científica que me dará fama mundial, salvo que Recaredo, esos godos bárbaros mandan mucho, lo impida. "Hijo, ¿estás bien?".
No sé lo que es un pliegue.
Aparte de eso, todo está bien.
detalle
lunes, 7 de febrero de 2011
La obra: "El perfil del habla"
"El perfil del habla"
230 x 130 x 15 cmts
1999
Colección Particular
Primavera del 99. Tres premios a cuestas y quinientas citas a las que no acudí.
Junto a la incomodidad de lavarme las manos continuamente y a la molestia de no ingerir alimentos que me procuren placer, llega la meticulosa afición por ritualizar los comportamientos. Lo primero se lo debo a la necesidad mortal de convertirme en un hipocondríaco (y apostatar de la vida), lo segundo a la de no asumir el riesgo de encontrar el sabor de la fresa (y apostatar de la vida) y lo tercero a infundir un orden ficticio que la realidad no tiene (y apostatar de la vida) Por lo demás, todo va bien.
"No nací para la vida", le leo a Cernuda, que tiene su libro bajo el catálogo de pintores manieristas (al que le falta la hoja con el "noli me tangere" de Correggio) que está bajo "Le théâtre de la mort" de Kantor (en edición francesa y mordido en su punta por una rata ilustrada) y que sirve de apoyo al bote abierto de cola blanca que tiene una cagadita de murciélago en su interior y al que doy vuelta tras vuelta como un derviche tartamudo. Un día supe, por cierto, que en la oscuridad, las mariposas acaban dando vueltas a un farol porque su sistema de navegación no ha asumido que existe la luz eléctrica. Ellas buscan orientarse por los únicos objetos luminosos de la noche, los astros, y se topan con astros mentirosos; bombillas, faros, farolas y candilejas de camerino. En la normalidad oscura, avanzarían en línea recta dejando, por ejemplo, a su izquierda la luna, pero cuando lo que está a su izquierda no es la luna si no el farolillo de algún portal donde se besan los amantes de amantes y de portales, giran y giran y giran (todo sea porque la luna les siga acompañando) Hasta que el cansancio vence a estos ángeles de seis patas que no acaban nunca de llegar a donde sea que viven los ángeles y se abrasan en la incandescencia de un hilillo de cobre. Mueren quemados por el sol nocturno de una falsa luna a 3'15 céntimos el kilowatio. Triste sino; cuando los animales con sombra se estrellan contra los faros de un coche sólo buscan seguir a las estrellas.
Yo circundo el bote de cola porque he confundido la tragedia con la vida. ¿Ventajas? Creerme un héroe, porque un héroe, lo aprendí de niño en la Iliada, es aquel que conociendo su sino trágico se levanta y lo afronta. ¿Desventajas?, las demás. Me lo dijo Pérez que vive en Mallorca. Conseguiré la quietud hierática de los lúcidos tallados en el románico y el dejar de mirar los astros no hará más que aumentar mi deseo, el cual, al no moverme, dará de comer pasto verde a la tragedia.
Un día, de niño, me preguntaron qué quería ser de mayor, y yo les dije que toro. "¿Torero?", me preguntaron, "no, toro", respondí yo y luego quise ser Héctor y que la vida fuera Aquiles, mientras sueño cada noche con objetos siderales que a la luz de Andrómaca ("aquella cuyo varón está combatiendo") me laman las curvas, pienso, mientras muevo, con la punta de la bota, como cada noche, el tercer pincel para que quede a la misma altura que los otros.
No me toques.
domingo, 30 de enero de 2011
La obra: "Razones y líneas..."
"Razones y líneas para la formalidad de un desequilibrio razonable"
180 x 180 cmts
1993
Colección particular
1993. Lo jodido no es el infierno, sino que uno aprende el camino hasta él. Se lo digo en voz baja y el espejo que me mira y se calla.
Aquel día tuve que pronunciar un discurso, frente a las autoridades municipales, familiares, amigos de algún presente que tuviera amigos y público en general. El responsable del Centro de Arte Tecla Sala, anuncia lo "imprescindible" de esta exposición, "¿es realmente necesario que hable?", luego el comisario profundiza y alaba, "sí, aunque sólo sea para dar las gracias" y el curator que se alarga y yo que no veo por donde largarme y la concejala de cultura que maldisimula un bostezo y el de la mesa de los refrescos, vestido de barman en blanco y negro, que se hurga la oreja y yo que pienso en los cienpiés y en el por qué tienen cien pudiendo reptar, como las víboras y los besos, y el delegado de la Generalitat que aplaude la ocurrencia y el comisario que sigue y yo que creo, o pienso creer que creo, que no hay razón alguna para mi discurso y que podría darlo en latín provenzal, así seguro me aplaudirían los romances y que me pregunto que si después del parlamento habrá baile con su pickup de aguja y su coro de eunucos.
Dos días más tarde, el mayor galerista del país me contacta y que ha visto la exposición, casualidades de la vida, y que tiene grandes proyectos para mi obra y que nos citamos para dos días más tarde, mañana no puede, casualidades de la vida, y Goethe que le hace murmurar a Fausto, "detente, instante, eres tan hermoso", y el jodido instante, un instante después, se detuvo y el corazón del galerista que dejó de sangrar y Mefisófeles se río con una hebra de carne entre los dientes. Y al galerista lo enterramos, dos días después, de maitines, en una iglesia de pueblo con cipreses, esquinas y beatas.
Y el tañido de campana que suena a martinete y que nunca vuelve a la campana.
Aquel día tuve que pronunciar un discurso, frente a las autoridades municipales, familiares, amigos de algún presente que tuviera amigos y público en general. El responsable del Centro de Arte Tecla Sala, anuncia lo "imprescindible" de esta exposición, "¿es realmente necesario que hable?", luego el comisario profundiza y alaba, "sí, aunque sólo sea para dar las gracias" y el curator que se alarga y yo que no veo por donde largarme y la concejala de cultura que maldisimula un bostezo y el de la mesa de los refrescos, vestido de barman en blanco y negro, que se hurga la oreja y yo que pienso en los cienpiés y en el por qué tienen cien pudiendo reptar, como las víboras y los besos, y el delegado de la Generalitat que aplaude la ocurrencia y el comisario que sigue y yo que creo, o pienso creer que creo, que no hay razón alguna para mi discurso y que podría darlo en latín provenzal, así seguro me aplaudirían los romances y que me pregunto que si después del parlamento habrá baile con su pickup de aguja y su coro de eunucos.
Dos días más tarde, el mayor galerista del país me contacta y que ha visto la exposición, casualidades de la vida, y que tiene grandes proyectos para mi obra y que nos citamos para dos días más tarde, mañana no puede, casualidades de la vida, y Goethe que le hace murmurar a Fausto, "detente, instante, eres tan hermoso", y el jodido instante, un instante después, se detuvo y el corazón del galerista que dejó de sangrar y Mefisófeles se río con una hebra de carne entre los dientes. Y al galerista lo enterramos, dos días después, de maitines, en una iglesia de pueblo con cipreses, esquinas y beatas.
Y el tañido de campana que suena a martinete y que nunca vuelve a la campana.
lunes, 17 de enero de 2011
La obra: "Et c'est 5 une brume sur son regard"
"Et c'est 5 une brume sur son regard"
190 x 130 cmts
1991
Colección del artista
Mayo del 91.
"Una estética muy nihilista", me anuncia la señora que come croquetas en la inauguración. Visto chaqueta azul y tejanos y llevo el pelo mojado hacia atrás. "¿Jorge?", oui, c'est moi. Y ella que se presenta y me extiende las mejillas y yo, que castamente, la beso y que me habla de las coincidencias de la vida (en cuanto mencione al destino, huyo) y que me ronda como los buitres a un fémur, y yo que veo que tiene rectas curvas y bonita cara y dedos largos y que se me acaba la conversación (padecimiento de nihilista) Y el de la galería que nos interrumpe, "Jorge, disculpa un momento", para anunciar la llegada de un célebre crítico que va a hacer de mí un hombre nuevo, bendecido por las musas y por el capital, un tipo de éxito, diferenciado, besado desde los pies hasta la melancolía por legiones de vírgenes pícaras. Y ella, la que nos conocimos en las coincidencias, que se aparta discretamente y deja paso al coro de trompetas y yo que pienso, sólo un momento, que si el éxito no será, de veras, Nadja y no el calvo que escribe crónicas, "la renovación del informalismo" y promete encumbrarme a la gloria de las croquetas.
"Una estética muy nihilista", me anuncia la señora que come croquetas en la inauguración. Visto chaqueta azul y tejanos y llevo el pelo mojado hacia atrás. "¿Jorge?", oui, c'est moi. Y ella que se presenta y me extiende las mejillas y yo, que castamente, la beso y que me habla de las coincidencias de la vida (en cuanto mencione al destino, huyo) y que me ronda como los buitres a un fémur, y yo que veo que tiene rectas curvas y bonita cara y dedos largos y que se me acaba la conversación (padecimiento de nihilista) Y el de la galería que nos interrumpe, "Jorge, disculpa un momento", para anunciar la llegada de un célebre crítico que va a hacer de mí un hombre nuevo, bendecido por las musas y por el capital, un tipo de éxito, diferenciado, besado desde los pies hasta la melancolía por legiones de vírgenes pícaras. Y ella, la que nos conocimos en las coincidencias, que se aparta discretamente y deja paso al coro de trompetas y yo que pienso, sólo un momento, que si el éxito no será, de veras, Nadja y no el calvo que escribe crónicas, "la renovación del informalismo" y promete encumbrarme a la gloria de las croquetas.
domingo, 2 de enero de 2011
La obra: "el cajón animado"
"El cajón animado"
160 x 160 x12 cmts
1999
Prop. Fundación Vilacasas
Noventa y nueve. Sangro, al despertar, por la nariz. Quizá el pensamiento, "los genitales del mundo" como lo llamaba Bernhard, tenga estas cosas. No me pasa nada, es sólo que mi pensamiento tiene la regla. Me introduzco dos pequeños tapones de papel en la nariz (un útero duplicado)
Quizá las jaquecas son porque algo ha germinado en mi pensamiento, quizá sólo sea eso, y todo vaya bien. A Zeus le pasó; le dolía mucho la cabeza, ¿sabes?, y cuando se la abrieron de un hachazo salió de su cerebro Atenea.
A lo mejor no es nada de esto, y es que por estar tanto tiempo solo he aprendido el alquímico arte del hermafrodismo. Soy una flor sin visitas. Me he preñado, en un acto de solipsismo cerrado, de mí mismo. Un poco contemplativo resulta. Egotista. A Narciso se lo comieron los camarones. Quizá es sólo eso, y los eremitas que hemos perdido el desierto, nos hartamos, malgré nous, de polvos ensimismados. Y eso que procuro hechar todo fuera, como los onanistas flacos, y entregar todas mis semillitas a las golosas abejas. Resulta embarazoso.
Quizá sólo sea eso; la soledad. Pero creo, mi querida esposa, que sobre la traquea y por debajo del cielo, tengo un cajón animado.
![]() |
| Detalle |
miércoles, 22 de diciembre de 2010
La obra: "Composición para servilleta de papel"
"Composición para servilleta de papel"
162 x 114 cmts
1991
Colección del artista
Sigo en el noventa y uno. Primera crisis técnica.
La costumbre de trabajar de rodillas me ha producido "beatillas". El calentarme exclusivamente arrimándose a una estufa de gas, ha generado unas curisosas manchas negras en las piernas. Empiezo a vivir un tiempo ahistórico. No hay acontecimientos que distingan un antes de un después y, consecuentemente, el tiempo parece pararse en un continuo. Tengo algunas dificultades para ordenar cronológicamente sucesos.
Creo, aún creo, que voy a conseguir algo.
Sigo viviendo la épica del seminarista pero empiezo peligrosamente a parecerme a un personaje. Demasiada insistencia en la tragedia. La heroicidad conceptual de un cuadro de Caspar David Friedrich se basa en la estricta necesidad de lo inalcanzable del propósito. Empiezo a darme cuenta pero no lo remedio. Ser un héroe es ahora mi vocación y para ello cada día es una guerra, que pierdo.
"A vida corre sobre min en guerra
Enen sequem un arrepio de medo"
Mario de Sa Carneiro me lo advierte, después de envenenarse en el Hotel de Nice con cinco frascos de estrictinina, con un gordo cuerpo, muerto, que no permite cerrar la tapa del ataud y hay que atarlo a la caja con cuerdas. Cada vez, querido héroe, me dice, te pareces más a una estatua falsa.
Obrigado.
martes, 7 de diciembre de 2010
La obra: "El trato cercado"
"El trato cercado"
200 x 200 x 15 cmts
1998
Colección Llucià Homs
Sucedía antes, cuando las paredes del estudio eran más estrechas, que había bastidores que entraban pero cuadros que no salían. Es lo del mono que mete la mano en la botella, sujeta los cachuetes y no sale ni mano ni cacahuetes. Cuando esto se daba, y se dió al menos un par de veces, tenía que destruir la obra o venderla envuelta por la habitación que me servía de estudio. Las dos veces opté por lo primero, pues si difícil era vender un cuadro, excéntrico era hacerlo dentro de una habitación. Además la habitación no era gran cosa y probablemente el cuadro tampoco (y, ¿quién quiere un mono con una botella por mano?)
"Amédée oú comment s'en débarrasser" es una obra de Ionescu que cuenta como a una pareja les crece un cadáver que guardan oculto en una habitación cerrada. Afectado por la enfermedad de la progresión geométrica de los muertos, el cádaver empieza a ocupar todo el espacio de la vivienda. Amadeo decide que deben desembarazarse de él, pero no es fácil quitarse de encima algo oculto que ocupa y crece.
![]() |
| No es fácil ni escupiéndolo ni a empujones ni a golpe de golpes. |
martes, 23 de noviembre de 2010
Obra: Puerto activo con mancha roja que gotea
Puerto activo con mancha roja que gotea
200 x 200 cmts
1991
Colección del artista
Noventa y uno. Ya van tres años alejado. Descienden los niveles de hematocritos, aparecen los ahogos por las mañanas y el rostro se descarna un poco, aparte de eso todo va bien.
Me convocan con esta obra como finalista del Premio L'Oréal (debe ser que lo valgo, aunque hoy, todos estemos casi muertos) lugar en Madrid y cojo un tren. Duermo mal.
Una pregunta me acompaña como un niño que babea. ¿Cuál era la pregunta? Llego a Madrid, Álvarez del Manzano me da la mano, tengo manchas de yeso en las manos, "disculpe, tengo yeso en las manos", y unas ganas tremendas de orinar, "¿los aseos, por favor?" y la bella azafata que me lo indica "¿No me acompañarías para aguantármela?, tengo manchas de yeso en las manos", pienso, mientras voy sólo al aseo. ¿Cuál era la pregunta?, me pregunto ahora. Y resulta que viene Rilke y le dice a un joven poeta: "ama las preguntas mismas, como cuartos cerrados y libros escritos en idioma extraño" y es entonces que me acuerdo; ¿Qué cuál era la pregunta? Esa es la pregunta, mientras la sujetaba yo sólo y pintaba un ahorcado con lápiz en los lavabos de la Casa de Velázquez.
martes, 16 de noviembre de 2010
Obra: "Tragedia"
Tragedia
55x33x25
1998
Colección del artista
La tragedia es la incapacidad de sintetizar dos proposiciones confrontadas. Imaginemos, proposición uno, que mi entusiasmo erótico me lleva a querer tocarle el frontis a la vecina de enfrente e imaginemos, proposición dos, que mi entusiasmo marital me impide someterme a los arrebatos carnales externos. Tenemos una tragedia... modesta me dirás, mamá, sí, te responderé, "sí", pero imaginemos que la proposición uno, es seguir lo que la voluntad de vivir me dicta, no morirme, pero la proposición dos, el razonamiento lógico, me dicta que soy contingente y por tanto perecedero; ¿tragedia de mayor calado?, si hijo, te sigo, "¿quieres más fríjoles?", mi apetito nutritivo me dicta que sí, mamá, pero mi apetencia estética de mantenerme esbelto me dice que no, "¿para seguir planteándote si seduces de una vez a la de enfrente, hijo?"
martes, 9 de noviembre de 2010
Obra: "Primeros estados"
Primeros estados
100 x 65 x 15 cmts
año 1997
Colección particular BCN
Detalle para los detallistas
Aquel día llovía. Se había caído un mochuelo desde el tubo de la chimenea (no era, para mi pesar, la lechuza de Atenea) y me dolía la muñeca izquierda. No tenia amante, ni amantes, y había hecho del lenguaje un pliegue y de la comunidad un muro. Me quedaban ochenta mil pesetas en la cuenta, una deuda de bastidores y no encontraba el librito aquel de tapas verdes con el alarido escrito de Ingeborg Bachmann.
Después tuve a bien regalarme un ejercicio de ipsación erótica (o fue durante) y tras obtener lo que la clínica del XIX dio en llamar "paroxismo histérico", pensé que contarme lúbricas mentiras era darme un mundo tan cierto como la verdad de mi ausencia. Muy respetable mentirse para ahorcar a un lúcido."El problema de la deseperanza, querido amigo, es que está muy bien documentada", me silbó Cioran.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Obra: "Memorias de un pedal de lata"
Memorias de un pedal de lata
200 x 200 x 25 cmts
año 2000
colección Jordi Roca
Cuentan que un niño observó ensimismado un gigantesco bloque de mármol en el que Miguel Ángel iba a esculpir un caballo. Cuando la obra estuvo acabada, el niño volvió, la miró con detenimiento y le preguntó al escultor; "¿Cómo sabias que había un caballo dentro?"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















