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domingo, 22 de febrero de 2015

En plató: "¿Qué somos con relación a los demás?" con Ángel Gabilondo

Se contaba de Confucio que un día descendió a los infiernos. Allí encontró grandes mesas, perfectamente dispuestas y repletas de los más suculentos alimentos. Los condenados podían comer todo aquello que quisieran con una única condición. Cuando Confucio, intrigado, preguntó al dueño de los infiernos en qué consistía esa condición, éste se la indicó: "tienen que comer con palillos de metro y medio".
Así, cuando los confinados al infierno intentaban saciar su hambre infinita, los alimentos caían al suelo mucho antes de que pudieran llegar a sus bocas.
Al día siguiente, Confucio subió a los cielos. Allí encontró grandes mesas, perfectamente dispuestas y repletas de los más suculentos alimentos. Los condenados podían comer todo aquello que quisieran con una única condición. Cuando Confucio, intrigado, preguntó al dueño de los cielos en qué consistía esa condición, éste se la indicó; "tienen que comer con palillos de metro y medio".
"He visto la misma situación y la misma condición en el infierno", indicó Confucio, "¿Por qué ésto son los cielos?". "Porque aquí", le respondieron, "nos damos de comer unos a otros".
Va por vosotros ustedes, buscadores racionales de ventaja, que, a fuerza de vendernos nuestra servidumbre como nuestra realización, nos cosificais como reemplazables (olvidando que somos insustituibles) mientras nos estáis instruyendo en lo "funcional" (la servidumbre de la inexistencia) desde la más feroz de las individualidades (la estúpida diferencia que no es capaz de construir igualdad)
Y va por ti, Pepa, que después de servirme un caldo tibio, me dijiste, "hijo mío, no nos salvaremos solos" (y yo, aquel día, no te entendí). 



sábado, 29 de noviembre de 2014

En onda: la actualidad

Finales de Noviembre del 14 y, como la novedad distrae de lo importante, para distraer el presente se inventó la actualidad.

Y al preguntarme sobre la actualidad hablo de la propia actualidad, y de cómo ésta se inventó para distraernos del presente, que como nuestra existencia, no se limita a lo que sucede sino a lo que debe suceder por su sincronía con lo que sucedió.
Y menciono la construcción del individuo que la teología neoliberal quieres precarizado y así comatoso para verse aislado e imposibilitado de conformar presente y comunidad; a esa teología y a sus sacerdotes del bienestar individual no le interesa la comunidad sino los individuos y por eso conforma lo comunitario en categorías morales (mujer, español, moro o casta) y nos hace creer que no son categorías de amparo y discriminación, sino "colectivos", y tampoco le interesa el presente, pues éste entiende de lo importante (ser) y evita que la novedad lo sumerja en su caudal de errancia (Heidegger) y en la vida inauténtica del que no enfrenta la propia existencia, pues no se abre eróticamente al otro ni al acontecimiento, sino que se deja mecer (en la colchoneta del marasmo, red, social; la nueva "realidad" frente a lo real) sobre los caudales de un lujo mediatizado en los que su oferta le hace creer que es su demanda individual (olvidando que sin sentido crítico la demanda es siempre condicionada por la oferta)
Distopía actual de un desmembramiento de lo colectivo y de los mecanismo de protección social con los que se había dotado el individuo comunitario, en nombre de un falsa carencia (la carencia que provoca dar poder no solo al capital sino a la avaricia del capital) cuyo objetivo sea seguir conformando individuo inarticulable en lo social (incapaz de fundar ciudad, sentido y ternura para esa ciudad) Una avaricia, una ilimitación propia del excedente desmedido (la "parte maldita" de Bataille) solo empleada en fabricar más excedente desmedido. Para ello destruye el sentido y lo quiere trocar en utilidad (haciendo, por ejemplo, que los doctos en filosofía "puedan" dar clase de "Actividad emprendedora y empresarial"...¿pero qué sabran aquello de esto?, nada, pero los del excedente creen y nos quieren hacer creer, que los que saben de esto son doctores en filosofía) Así los constructores humanistas de significado no tiene cabida en la nueva teología ni entre sus sacerdotes, pues de lo que se trata no es de conformar identidad preguntándose aquello antiguo de "¿Quién soy?" sino esto tan inhumano de "¿En qué le puedo ser útil?"
Confundidas, así, la novedad con lo importante, la actualidad con el presente, la comunidad con la categoría y el sentido con la utilidad, no habrán más existencias pero sí muchas más miserables vidas.

Y mientras, la actualidad, como la lluvia, como el martinete, documenta la desesperanza (decía Cioran que "lo malo de la desesperanza es que está muy bien documentada") y hace bueno aquello de Brecht de que el hombre feliz es aquel que no conoce la última noticia. Pues la última notica lo hace (todavía) más esclavo.
Y me alargo veinte minutos y la chica me indica que sólo se editarán dos o tres. Y yo le doy las gracias.

Tres minutos (te doy mi palabra) en Onda Cero y alguien que debe ser cercano (todos sois cercanos) que va y lo muestra